Me acerco al estante, y miro mis libros en él, tomo uno entre mis manos y sonrió embobada y feliz, saber que otros leen mis dialecto me emociona, escribir es la mejor arte del desahogo, allí se puede expresar el mínimo sentimiento, allí puedes cautivarte enamorarte incluso fantasear que vienes de otro mundo.
-No creí que llegarían hasta aquí- murmuro, abro el libro, y me fijo que están traducida en Italiano, yo tengo la original en Español, el primero libro tapadura. Me siento orgullosa de lo que hago, me siento contenta de dejar mi marca en estos libros y poder compartirlos con los demás.
-Son tuyos- miro al chico, asiento- eres escritora.
-Así es- respondo.
-Pero eres muy joven- responde.
-Para ser escritor no se necesita tener cuarenta o un título- respondo.
Se encoje de hombros- mayormente los que escriben tienen esa edad.
-Y eso que…
-Ya volví, compre la colección completa de Fallen- miro a Nani que lleva entre sus manos una pequeña montaña de libros.
-Por casualidad no hay cincuenta sombras de Grey- pregunto.
-No, la chica me dijo que se acabaron- ruedo los ojos.
-Ya vámonos- murmuro.
-Ustedes sí que son raras- murmura el joven.
-Y tú sí que eres un pesgoste, porque no te has ido- murmuro con mi entre cejo fruncido.
-Edy no seáis tan odiosa, ragazzo estas invitado a cenar con nosotras, donde vives- pregunta, y allí ellos comienzan una aburrida plática, yo solo me atengo a escuchar música.
Mi mejor amiga se ríe a carcajada por la pésima broma que dijo Santiago, yo decido ignorarlos, por lo que prefiero levantarme he irme a mi recamara.
-Entonces la higuana no es igual que una lagartija- Nani empieza a reír mucho más fuerte, es tanto que incluso su risa se hace leve por el ataque que se le acumula a la garganta, niego y me encamino a mi cuarto cuando Nani me agarra de la mano, la miro con el ceño fruncido.
-¿Qué?...
-Que te ocurre- niego encogiéndome de hombros, ella me mira dudosa aun sin quitar la sonrisa en su rostro.
-Nada tengo que trabajar, anda sigue hablando con Santi- ella hace una mueca ya completamente borracha, sonrió.
-A dónde vas, porque no te queras- hipea el idiota de Santiago, arqueo una ceja, no le respondo, decido irme a mi recamara dejando a esos dos par desubicados. Rio internamente, es muy raro ver a Nani tomar, mayormente soy yo la que hace esas cosas.
Pero encuentro un mejor motivo para alimentar mi deseo voraz, muerdo mi labio y tranco mi puerta con seguro- haber Mike juguemos un poco- busco mi vibrador que está escondido en un cofre que compre especialmente para esconder mis juguetitos, sonrió como una desquiciada.
Cuando lo saco de su estuche lo saludo besando su punta- hola baby cuanto te extra, ahora tú vas a esperar aquí mientras mami se da un baño caliente- lo dejo sobre la cama y me desvisto para bañarme antes de comenzar.
Me meto a la ducha y esta vez decido no mojar mi cabello, cierro mis ojos al pasar mis manos por mi cuerpo, la tensión y el claro placer que poco a poco se acumula entre mi vientre empieza a envolverme de una manera tan deliberada, gimo extasiada mientras hurgo entre los pliegues que rodean mi clítoris, hago pequeños y retorcidos círculos sobre ese botón conectado con mi entrada, aun con los ojos cerrados “me lo imagino a él, me imagino esas manos tocar mi cuerpo”, toco mi pechos, muerdo mi labio y cada vez el deseo es mucho más fogoso. Meto un dedo en mi entrada que ya está completamente húmeda, lo introduzco lo saco lentamente tratando de lubricarlo más. La mano que toca mi cuerpo decido colocarla sobre la baldosa incapaz de mantenerme estable, y comienzo a penetrarme con más rapidez. Su rostro está en mi mente, su cuerpo sus labios aquel delicioso y apetecible V entre su…
El toque de la puerta hace que me detenga, abro mis ojos de golpe y trato de tomar pequeñas respiraciones para no explotar de furia por la interrupción de mi sueño con Mike. Escucho de nuevo los golpes y juro por mi abuelita Catalina que matare a Nani por interrumpir mi fantasía.
Salgo del baño envuelta en una toalla, escondo mi hermoso y apetecible Mike bajo la almohada y voy a abrir la puerta. Me sorprendo a sobre manera al ver a Santiago parado allí, con una enorme sonrisa en el rostro. Arqueo una ceja.
-Qué bonito recibimiento- murmura entrando a mi recamara sin permiso, cuento hasta el mil para no empezar a gritar, cuando sin esperármelo él me toma con rapidez por mi cuerpo y comienza a besarme, me quedo un tanto estática, pero reacción al sentir su cálida lengua pidiendo permiso para entrar a mi boca.
Lo beso, qué más da, termino aceptando sus viperina lengua. Estoy cachonda, el tío entra a mi recamara en un momento bastante crítico, y pues él con ganas yo con ganas, hay que aprovechar ¡no!, ¡j***r a la puta mierda con todo! Lo alejo de mí, lo miro de arriba abajo, el hace lo mismo por lo que sin pensarlo dos veces cierro la puerta de mi recamara con seguro.
-Que pretendes Santi…- murmuro, mis ojos recorren cada partícula de su musculosa anatomía- al entrar aquí sin mi consentimiento- termino de hablar desatándome la toalla, lo admito, no me da pena mostrar mi cuerpo, a pesar de no poseer una talla de súper modelo, me considero bonita y poseedora de buenas atribuciones.
El muerde su labio inferior mirándome detalladamente- hice todo de mi para ser el chico bueno pero eso no te llamo mucho la atención, y desde que entre a tu apartamento no me has parado mucha pelota que digamos, tuve que esperar a que tu amiga estuviera lo suficiente ebria para poder atreverme- confiesa, vuelvo arquear mi ceja, me acerco a él cautelosa.
Me coloco de puntillas para susurrarle al oído, bueno lo que pude llegar, más bien él tuvo que inclinarse para poder oír lo que le diría. A pesar de medir 1,54 cm no me quejo amo mi estatura, dicen que el veneno más potente vienen en los frascos más pequeños- y que es lo que realmente quieres de mi- pregunto.
-Lo que tú me quieras dar preciosa- muerdo mi labio inferior coqueta, doy dos paso hacia atrás sin quitar mis ojos de los suyos.
-Entonces desvístete y arrodíllate, jugaremos…- el sin titubear lo hace- te has metido con alguien muy peligroso y creo que pagaras por tu error he irrumpir la ley de mi cuarto camarada…
“Sé que me arrepentiré mañana pero hoy le daré de comer a mi animalito”