Habían pasado horas y Aaron aún no veía la luz con el motor del auto. Llevaba horas limpiando antes de desmontar las piezas que faltaban, pero aun así era bastante trabajo para una sola persona. Se acercaba la hora de cierre y el mal sabor de boca de no poder hacer más que una limpieza superficial se intensificaba. —Es más fácil armar un avión —le bromea Rix que estaba ahí junto a Aaron sentado viendo cómo se desenvolvía en el trabajo. Había terminado hace una hora el mantenimiento del Alfa Romeo y le quedaba tiempo para molestar al nuevo recluta del taller. —Ahora que lo dices creo que tienes razón —se aleja dos pasos del motor y se seca el sudor de la frente con su camisa. Se le quedó viendo como si fuesen rivales, máquina y hombre una batalla a muerte. —Empiezo a cogerle odio a uno

