Katherine Como cada mañana de mi vida, me prometí que no lo haría. A la izquierda y junto a la frutera descansaba mi celular con la pantalla hacia abajo. Frente a mí, en un plato de porcelana con detalles floreado, me esperaba mi desayuno. Estaba hambrienta así que no iba a hacerlo. No lo haría. No acomodaría las uvas ni la taza de té en el ángulo que le daba elegancia. No lo haría. Dejaría de acomodar comida y utensilios para aparentar una preciosa belleza en la cotidianeidad que no era real. —Solo hazlo, K—le fruncí el ceño a Devora y su tono burlón. No sabía cuánto llevaba observándome desde el pasillo, pero su expresión la delataba: minutos—. Solo toma una foto de tu desayuno, para eso está ahí. —¿No deberías despertar a Dulce? —cortó el contacto visual y se deslizó en sus pantuf
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