Capítulo 7

1950 Words
Ivette.   Un castigo placentero.   —¿Ahora si piensa castigarme?— lo desafío pegando mi pecho al suyo, noto como su respiración sube y baja de manera irregular como si le costara tomar aire. —No me provoques… —¿O que? No me diga que usted es de los que hablan pero no hacen nada, se caería la imagen que le tengo. Sus ceños se fruncen y la mirada incomoda pasa a ser de gestos sombríos consiguiendo callarme con un beso para nada sutil. Nuestras lenguas se mueven buscando autoridad, el desespero me lleva a sujetar su cuello y atraerlo con más fuerza demostrando quien tiene el control. Él responde apretando mis caderas para elevar mi cuerpo, mis piernas se entrelazan en su torso mientras camina en dirección al escritorio. Sus manos aprietan con rudeza mi trasero. El ambiente se torna caliente, quiero mas y que su erección maltrate mi sexo sobre la fina tela no ayuda en nada. Empiezo a besar su cuello entre que me acomoda sobre la madera, no le permito separar nuestros cuerpos, intenta irse y se lo impido presionando su erección en la entrada de mi intimidad. Mis bragas estorban, su pantalón igual. —De verdad que eres una pecadora…— desciende el cierre de su pantalón, no se lo quita del todo pero si quita lo importante y es su polla erecta. —De las peores— relamo mis labios imaginando sentir semejante tamaño dentro de mi boca o mejor aún, en mi interior. Busco el contacto de sus labios consiguiendo disfrutar la suavidad de ellos. Sus dedos se deslizan sobre mi columna vertebral, logra desabrochar mi brasier y lo lanza al suelo mirando como caen mis tetas. Siento como mis bragas se empapan de la humedad que emano con solo una mirada suya. Traza un camino de besos húmedos en mi piel, desde mi cuello hasta el frente de mis pechos, lame aquella zona llegando a mis pechos, los mordisquea y chupa como si fuera un chupete y me contraigo dejando escapar un gemido. Chupa mis pezones vehementemente, los muerde y repite las lamidas. Reprimo los gemidos, pero no los jadeos. Ya no creo aguantar, es por ello que hundo mis dedos bajo mi braga y los introduzco en mi interior disfrutando las miles de sensaciones, pero apenas logro metermelos, él me los saca de un tirón para llevarlos a su boca y chuparlos. —Delicioso— dice rompiendo la tela que impedía las embestidas que tanto esperaba. Vuelvo a rodearlo con mis piernas sin darle chance de escapar. —Ya follame— demando echando mi cabeza hacia atrás. Tener su v***a en la entrada de mi sexo aumenta el desespero, la ansiedad y se ve que es lo que busca. —Tranquila— saca una bolsita de su bolsillo y la rompe con sus dientes para ponerse el preservativo. —Hazlo de una maldita vez— se volvió una tortura tenerlo tan cerca y a la vez tan lejos. Se coloca como debe y muerde el lóbulo de mi oreja izquierda y va moviendo su falo en la entrada de mi interior, torturas y más torturas. Busco la sensación de su culo, a lo mejor está igual de bueno que el del profesor Kael. Mi teoría se comprueba cuando lo magreo atrayéndolo hacia mí. Recuesta mi cuerpo en el escritorio y se sube arriba mío tomando el control de la situación. Sus orbes se oscurecen, el aura que emana se torna oscuro y en vez de asustarme me excita. Chupa mis aureolas sonrosadas, intento moverme, pero lo impide ejerciendo su debida fuerza en mi pelvis. Las palpitaciones no tardan en llegar, vuelvo a unir mis piernas a su torso haciendo contacto con la erección que sigue manteniendo. Esto me molesta, tantos besos, mordiscos, caricias ¿y para qué? No me folla, estoy esperando y no hace mas que torturarme. —No seas cabrón y… Las palabras se atascan en mi garganta cuando dos dedos acarician el punto rojo que me hace suspirar. Los introduce sin dejar de observar mis facciones y los va moviendo lentamente recorriendo cada parte. —Mételos más— suplico contoneando mis caderas, es tanto por sobrellevar, el calor me corroe todo el cuerpo, —¿Más?— aumenta la velocidad del mete y saca, su follada logra sacarme uno que otro gemido y con su mano libre masajea mi teta derecha mientras que chupa la otra. Arqueo mi espalda disfrutando del exquisito momento. Estoy a nada de estallar, pero sigo queriendo que me penetre como un animal. No puedo pensar en otra cosa que no sea tenerlo sobre mí, que me toque y maltrate como quiera, así de mal estoy. Que me perdonen, pero quiero más, quiero experimentarlo todo con este demonio disfrazado de cordero. —Ya… Saca por última vez los dedos y se los lleva a su boca para lamer los jugos que contienen. Muerdo mi labio y al hacerlo, me besa con desespero. Ni él aguanta, estamos al límite. Acomoda su polla en mi entrada y me embiste sin preámbulos. Yo asimilo la grandeza de esta, me resulta incomodo al principio lo cual espera unos miseros segundos hasta volver a embestirme con ferocidad. —¡Si!— gimo como loca enterrando las uñas en su espalda, mis piernas se aferran a su torso con cada embestida ruda. Se transforma en un animal salvaje con cada estocada, arremete cada vez con más velocidad, no se contiene o al menos eso pienso. Es rápido al momento de sacar y meterlo de nuevo recorriendo todo mi interior. —¡Más!— gruñe arremetiendo cuan demonio, nuestros cuerpos se mueven al mismo tiempo, es él quien me guía. Si fuera por mí, le pierdo el ritmo. El orgasmo se aproxima, ambos lo sentimos. Me dejo llevar por el iris de sus ojos oscuros, los músculos se tensan y yo simplemente me pierdo en el éxtasis formado. Compruebo su rostro, sus mejillas se tiñeron de rojo, se relame los labios y al notar mi mirada me besa, gruñe en mi boca cuando nuestras lenguas se conectan y me muerde. —Patrick… Lo llamo por su nombre y entiende lo que quiero decir. Estallamos al mismo tiempo, deja escapar el líquido caliente que se mezcla con los míos en mi interior. La respiración vuelve poco a poco, aún me cuesta asimilar lo que acaba de pasar. Arroja el preservativo en el cesto de basura y acomoda su pantalón de espaldas. —No me llames por mi nombre— suelta con la voz ronca. ¿Le molesta? A mi me dio la impresión que le ha gustado. —¿Puede darme algo para taparme? Rompió mi braga, arruinó mi brasier, mínimo debería darme algo para taparme. —No, arréglatelas como puedas. —Es difícil seguirte el ritmo— contesto con un deje de ira— Tuvimos sexo y no uno aburrido, pero me tratas de este modo. —A mi no me jodas— corta el discurso mental que preparé con tal de persuadirlo—. Te aprovechaste, esto no fue un castigo. —¿No? Pues bien que te gustó. Voltea el cuerpo entero posándose frente a mí. Sus manos aprietan mis mejillas, esto no es para nada excitante. —Pronto temblaras cada que nos crucemos, anota mis palabras— me suelta y se va dando un portazo en su camino. Espero dentro del diminuto espacio y cuando veo pasar a Joep le hago señas, me ignora queriendo pasar de largo, pero le lanzo mi zapato atrayendo su atención. —¡Qué carajos te ocurre! —Si una mujer pide ayuda debes ser un caballero y atender su pedido. —¡Dime que mierda quieres!— se irrita reparando el salón. —Necesito que me des algo para taparme y así poder irme a mi alcoba. Entrecierra los ojos y se da la media vuelta restándole importancia a mis desgracias. En sí, no le incumbe, pero que le cuesta nada ser menos imbécil. —¿Y si fuera Ania? Me pregunto como reaccionara al saber que su amado novio no ayudó a su pobre amiga— sonrío internamente, si nombran a su novia de inmediato pone en función su cerebro. —Deja de meterte con ella, me tienes hasta los cojones. —Mira tú, también estoy cansada de ver tu lamentable rostro, pero henos aquí, juntos porque así lo quiso el destino— estiro mi brazo esperando que me de algo para tapar. —Eres un grano en el culo— planta de mala gana el suéter que usaba y se cruza de brazos esperando que salga. —Ya puedes irte— cierro la puerta. —¡Ni pienses que me iré! Quiero mi suéter apenas llegues a tu alcoba, no voy a permitir que se impregne tu olor. Es un hincha pelotas. Por fortuna, el abrigo alcanza mis rodillas, nadie verá mi cuerpo. —¿Qué tal me queda?— salgo entusiasta y el castaño niega con la cabeza. —Horrible, ahora date prisa que quiero irme de una vez. Caminamos entre los oscuros pasillos acabando por fin en la puerta de la alcoba. Entro me visto con un pijama alargando el momento de devolver el abrigo al malhumorado castaño. —Ten, gracias por prestarme— me arrebata el suéter de mala gana y se va por su camino. Cierro la puerta y me tapo debido a la brisa fresca que entra desde el ventanal. Los recuerdos de este dia se repiten en mi cabeza y mi sexo no tarda en humedecer debido a los vividos recuerdos.  Miro a mi derecha comprobando que mis compañeras estén completamente dormidas, al parecer rondan por el quinto sueño Gracias a mi pijama que consiste en un short corto de seda y una blusa de tirantes, facilita el recorrido de mis dedos sobre mi piel. Debajo de la tela paso mis dedos deteniéndome en mis pechos, los masajeo suavemente imaginando las manos del profesor Patrick. Llego hasta mis aureolas y las pellizco, casi dejo escapar un gemido si no tapaba mi boca. Mis compañeras siguen dormidas, mi mente pide que me detenga pero mi cuerpo quiere calmar el calor que surgió cuando quise repetir el salvajismo del profesor. Las yemas de mis dedos se pasean por mi vientre hasta detenerse en la zona baja que palpitante, húmeda y con ganas de ser atravesada por el falo venoso del profesor. Acaricio mis muslos suspirando, atiendo mi clítoris con movimientos circulares y lentos, pero rememoro las penetraciones salvajes, meto mis dedos y me auto complazco con la follada que no se compara a las embestidas del profesor demonio. Los meto y saco, me pierdo en sus caricias, en el animal que relució y dejo escapar un gemido cuando libero los flujos esparcidos en mis muslos. ¡Quiero más! Odio tener a ese demonio en mi cabeza y odio más no poder repetir el orgasmo de este día. Quito mis dedos de inmediato y me doy la vuelta tapando mi cuerpo entero. Alguien entró a la alcoba, lo mejor es fingir estar dormida. Los pasos se detienen frente a mi cama hasta dejarme destapada. No me inmuto, finjo ser la bella durmiente aunque me cueste. El lado de mi cama se hunde cuando alguien se acuesta pegando mi espalda a su cuerpo. —No te hagas la dormida que conmigo no funciona— susurra aquella voz embriagante. Mi espalda se pega a su cuerpo perfectamente y su polla reacciona, presiona su erección en mis glúteos, mete sus manos debajo de mi short y llega al lugar donde me auto complacía. —Estas mojada— nota la húmeda zona y la frota.    
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