Su tío nunca había sido santo de su devoción. Era un hombre holgazán, ventajista, alcohólico, jugador, egoísta y hedonista. Solo para enumerar algunos adjetivos calificativos. Nunca hacía nada sin una segunda intención. De hecho ya estaba pensando en vender el 20% de la compañía que le había legado su padre. Es más Nico estaba seguro de que él pensaría que lo llamaba para ofrecerle una mejor oferta, ya que tuvo descaro de ofrecerle las acciones a una empresa de la competencia. Ese hombre no tenía límites, pero hasta dónde era capaz de llegar realmente, él no lo sabía. Y lo vió entrar. Con su olor a alcohol que volteaba, su nariz roja...y su fea cara de sapo. Entró sonriendo con la satisfacción de quién se anticipa a un triunfo antes de tiempo. Se sentó como si fuera el ganador de alg

