No había excusa para estar separado de ella en este momento. Mi lugar estaba a su lado, sosteniendo su mano, dándole la fuerza que necesitaba para seguir adelante. Pero en cambio, me encontraba aquí, separado por un vidrio que parecía simbolizar todas las barreras que había creado entre nosotros. Mientras observaba a través del vidrio, sentí la necesidad abrumadora de estar allí, de sostener su mano y prometerle que estaríamos juntos en esto, sin importar qué. Mis ojos se posaron en su rostro una vez más, y en silencio le prometí que no la dejaría sola en esta lucha. En la penumbra de la habitación, mi voz brotó casi como un susurro, cargada de dolor y desesperación. —No, no puedo perderla. No concibo la vida sin ella.— Mis palabras flotaron en el aire, llenas de un anhelo abrumador mien

