En la semana de luna de miel que tendría con Michel, tenía varias metas claras que cumplir, y en las que colocaría todo el esfuerzo humano del que era capaz. La lista iba más o menos así: Tratar de ver los puntos positivos de Santorini. Omitir los negativos. Controlar mis impulsos por comer chocolate. Resuelto lo de la ex, ya no tenía excusas para engullir todos los bocadillos de chocolate a mi paso. Tal cual hice en el viaje. No atender las llamadas vergonzosas de mi madre, las cueles consistían en que me tomase miles de fotos para mostrárselas a la familia. Y lo más importante, no enamorarme como una estúpida de Michel. Sonaba sencillo. No lo era. Porque todo era un desafío impresionante. ¿Lo de ver los puntos positivos de Santorini? Si tan solo al salir a la terraza el primer día

