Capitulo 4

1603 Words
Laura, seca sus cortas lágrimas y se va a dormir, mañana tendrá un día largo y será mejor descansar, a pesar de sus múltiples ocupaciones, le gusta mucho dormir y necesita hacerlo durante 8 horas, cada día, para poder sentir que ha descansado lo suficiente.   Al amanecer, comienza su rutina, igual que todos los días; sin embargo; hoy siente dos grandes diferencias, la primera es que no tendrá que irse al trabajo en transporte público, como el día anterior y la segunda, es que, aunque no sé por qué, aunque no se lo explica, amaneció pensando en Ricardo… piensa que quiere volver a verlo, que le gusto su olor corporal, que te gusta la tez de su piel, se imagina como seria tocar sus manos, que se ven tan suaves y prolijas. La saca de esos pensamientos, la alarma del teléfono que le indica que ya es hora de salir de casa, para llegar a tiempo al trabajo, toma su abrigo, su bolso y sus múltiples agendas y sale en dirección a su vehículo.   Al abrir la puerta, se encuentra con una grata sorpresa, hay un ramo de rosas rojas, muy hermoso, colocado de manera casi perfecta en el pórtico. Las levanta, como toda mujer; las huele, suspira, mira a ambos lados, del pasillo de su piso, esperando encontrar a alguien que las haya dejado, pero no lo consigue. Al tener el ramo, más cerca de ella, se percata de que hay una nota, la cual solo tiene escrita, las siguientes palabras.   — Buenos Días, Bella Dama— la lee, vuelve a suspirar y continua su camino. Al llegar al lobby le pregunta al vigilante si vio quien ha dejado el ramo, el cual, sin emitir palabras verbales, se limita a negar con un movimiento de lado a lado en su cabeza, para indicar negación.   Sigue caminando hasta llegar al carro y al entrar en él, reposa su cabeza en el asiento, coloca ambas manos sobre su rostro y se dice a sí misma:   —Laura, que te está pasando?, ¿qué es esto que estás sintiendo?, ¿estoy segura de que esto es obra de Ricardo, y porque me emociona tanto?   —Laura tú ni siquiera conoces a ese hombre, apenas lo has visto, apenas sabes su nombre. Observa las bellísimas flores, su color son de un rojo carmesí que iluminan todo el vehículo, sus mejillas se sonrojan, sonríe, enciende el carro y emprende su marcha. Ricardo ha despertado como cada día, muy temprano, aunque sus ojos están muy abiertos, y sus sentidos activos e impacientes; continúa acostado en su cómoda cama, no puede evitar pensar en la reacción de Laura, cuando vea el inesperado ramo de flores que le ha mandado, gracias a que conoce a la dependienta de la floristería, pudo  lograr a través de una llamada telefónica que le enviaran el ramo bien temprano y sin ser descubiertos, y pensar que la idea fue de Adolfo. ¿Qué ira a pensar Laura, le irán a gustar? ¿Las iras a aceptar?   Con todas esas interrogantes, se levanta de la cama y también comienza su rutina, hoy con una diferencia, no se siente tan solo, su mente, sus pensamientos están impregnados de esa bella, enigmática, exótica mujer, se pregunta: ¿será real? ¿O solo es una idea en su cabeza? ¿Qué puedo hacer para conquistarla? Me gusta y la quiero amar, cuidar, atender, sé que yo puedo domar esa rudeza que ella expresa, sé que es solo una capa protectora, mi instinto me grita que en el fondo es dulce, tierna, cariñosa y que al igual que yo, esta deseosa de amar y ser amada. Conocer a Laura, le está cambiando la vida, en solo segundos, le regalo una ilusión, una esperanza, no puede negarlo y quiere disfrutar esa sensación de estar emocionado, con esta nueva posibilidad.   Suspira, se percata de que está envuelto y lleno de ella, aun sabiendo que quizás, no piense igual, que puede ser que responda negativamente al ramo de flores; pero igual, qué más da.   —Ricardo, el que no se arriesga, ni pierde ni gana, continua tus labores, ya veremos que nos regala el tiempo, el destino — se dice a mí mismo, con voz lenta.   Se prepara para su día de trabajo y sale casa, planificando, ya en su memoria la siguiente jugada que le permita dar un paso más hacía conquistar su corazón, porque ya está decidido a lograr enamorar y enamorarse de esa bella mujer, no la dejara escapar. Esa es su nueva verdad, su nueva tarea, su nuevo camino, el cual recorrerá con tranquilidad y con mucha seguridad.   Sabe que tiene talentos y habilidades para lograr ese cometido. Aprovecha al máximo esa casualidad tan fugaz, tan mágica.   —que afortunado eres, valió la pena la espera, ya la encontraste, es ella, no la dejaras ir —   nuevamente se dice a sí mismo. Laura, entra a la agencia, porta en sus brazos el ramo de flores, todos la miran, a medida que recorre el extenso pasillo que la conducirá hasta su oficina, entra en la misma y de inmediato llama a Elena, la cual responde de prisa con su presencia.        —Buenos días, estimada jefa. ¿Cómo amaneciste? ¿Y eso? - observando las flores.       —Buenos días, Elena, estoy bien, ya me ves, en cuanto a las flores sin palabras …      —¿Amiga como que sin palabras?, todo tiene una explicación, cuéntame por favor.   —Ok, escucha: al abrir la puerta del apartamento, encontré este bello ramo en el pórtico, no tienen remitente, lee la nota, al salir le pregunte al vigilante y él dice no saber nada, que no vio nada, y eso es imposible, porque nadie entra o sale del edificio sin que lo sepa y lo apruebe.   —Amiga mía, debes tener alguna sospecha, ¿de quién te lo ha dejado? — Expresa con asombro Elena.   —Sospecha no, estoy segura de que fue Ricardo.   ¿—Uhhhh— y eso como te hace sentir?   —¿Realmente no estoy segura, en principio sorprendida, luego agradada, a que mujer no le gustan estos detalles? Sin embargo, al entrar aquí con ellas en mis manos y sentir la mirada de todos, me avergoncé y me arrepentí de haberlas traído, pensé dejarlas en el carro, pero no quiero que se marchiten. ¿—Laura, a estas alturas de tu vida, estarás preocupa por lo que piensen los demás? Y menos debes hacer caso de las miradas de los empleados, no saques conjeturas, disfruta de bello regalo, se te importa mi opinión, es un hermoso gesto, muy romántico, que hoy en día se están perdiendo y si tu misma lo has dicho, a toda mujer le agradan esos regalos, ya quédate tranquila, también es cierto que unas flores tan hermosas no se deben dejar marchitar, busco ya un florero con agua y las pondré justo aquí señalando una esquina del escritorio, a la vista de todos.   Elena sale a buscar el florero y Laura se sienta en su cómoda silla frente al escritorio, posa su mano derecha sobre su mejilla y se limita a contemplar las flores. Hasta que su asistente regresa, y comienza a arreglar el ramo dentro del florero.   —Se ven hermosas, han mejorado el aspecto, a veces gris de esta oficina, además expenden un exquisito aroma, más agradable que tu propio perfume, estimada amiga.   — Tú y tus cosas, por eso te quiero tanto, si tienes toda la razón, están bellísimas.   —Bueno, bueno, dejemos las flores allí y sigamos con nuestra agenda, con ramo o sin ramo, hay que trabajar. — dice Laura, de manera cortante.   —Amiga, tu tan formal como siempre, estos momentos hay que disfrutarlos al máximo— expresa Elena, con cariño.   —Pero hay que producir y cumplir, estamos en horario laboral, así que manos a la obra, por favor tráeme mi te junto a mi agenda del día.   —Si señora— responde Elena, poniéndose firme y sonriendo y poniendo cara de fastidio   —No abuses de nuestra amistad— responde Elena, posando la mano derecha, sobre el hombro de Elena e invitándola a darse vuelta, para que salga de la oficina.   — Sí, ya me voy, y ya regreso— expresa Elena.   Ricardo, llega a su oficina, lo primero que se encuentra es una alta columna de papeles por firmar; lo cual hace de manera minuciosa, revisando cada documento, para cerciorarse de que es lo que está firmando. Al culminar con esa tarea, tiene una videoconferencia con los socios japoneses, quienes están muy cerca de aprobar un proyecto, de ser así, tendrá que viajar en los próximos días hasta j***n, para iniciar el proceso de construcción del edificio, el cual será la sede de una empresa. Por un breve instante, piensa que, si debe viajar, estará unos cuantos días sin tener contacto directo con Laura, como podrá soportarlo, si lo que más añora es estar cerca de ella, verla, olerla, oírla, sentirla todos los días y a cada instante, ¿cómo hará para continuar su plan de conquista?, ¿contaría con Adolfo, para que lo apoye en ese plan mientras él no está?, o mejor aún, ¿y si invita a Laura a irse con él?   —No, Ricardo, no puede ser, esa idea está muy descabellada, esa mujer no aceptará así de buenas a primeras viajar contigo a j***n— se dice a sí mismo, en voz alta.   —¿Y si acepta?, tú no sabes— continúa diciéndose.   Lo saca de sus pensamientos, el timbre del computador, indicando que la videoconferencia está por comenzar. 
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