**ALONDRA** —¿Qué ocurre, Biby? —le pregunté suavemente, con cuidado para no asustarla, con la esperanza de que pudiera abrirse y dejar salir lo que la atormentaba. Ella parpadeó varias veces, como si despertara de un sueño y, por un momento, pareció no reconocerme, como si no hubiera visto mi llegada. Esa rápida transición me partió el corazón; verla así, vulnerable y perdida, era como ver a una amiga que estaba en medio de una tormenta y no sabía cómo parar la lluvia. Sentí una mezcla de tristeza y deseos de protegerla, de vuelta en una gran empatía que me llevó a desear que la calma que ahora sentía en mí mismo se le pudiera pegar, que la rabia y el miedo que la aquejaban se disiparan, al menos por un momento. Quería que esa sombra que la cubría desapareciera, que la luz volviera a br

