Dentro de la tienda, la atmósfera es extraña, como si todos los ojos estuvieran sobre nosotros. Los pocos clientes parecen normales, pero no puedo evitar sentir que algo anda mal. Cada sombra me parece más oscura, cada movimiento más sospechoso. —Tomá esto —dice Slater, pasándome una pequeña lista mientras comienza a llenar un carrito con comida enlatada y botellas de agua. Estoy en el pasillo de medicinas cuando lo siento. Una mirada fija en mi nuca. Me doy vuelta rápidamente, pero no hay nadie ahí. El corazón me late rápido mientras trato de calmarme. Estoy siendo paranoica, pienso. Pero el presentimiento no se va. De regreso en el auto, Slater y yo cargamos las provisiones en silencio. Estoy a punto de relajarme cuando noto algo en el espejo retrovisor: un hombre con una chaqueta de

