Manson se vuelve hacia mí lentamente, su expresión es una mezcla de furia y algo más que no puedo descifrar. —¿Qué demonios estabas pensando? —Su voz es baja, pero cada palabra cae como una piedra. —No podía quedarme ahí sin hacer nada —respondo, mi voz temblando pero decidida. —No tienes idea de en lo que te acabas de meter. —Da un paso hacia mí, y la intensidad en sus ojos me hace retroceder un poco. —Te dije que te quedaras en el departamento por una razón. Slater, que había estado observando en silencio, interviene. —Basta, Manson. No es su culpa. Si alguien tiene que cargar con esto, eres tú. Manson lo fulmina con la mirada, pero no dice nada. En cambio, vuelve a centrar su atención en mí, su expresión suavizándose apenas un poco. —Emma... —suspira, pasando una mano por su cabe

