El aire entre nosotros se vuelve denso, y aunque quiero hablar, mis palabras se quedan atrapadas en mi garganta. Manson está demasiado cerca, su presencia lo llena todo. Mi mente corre a mil por hora, pero mis labios permanecen sellados, como si el miedo me hubiera paralizado por completo. Él observa cada uno de mis movimientos, cada pequeño gesto. Sus ojos grises están tan intensamente fijos en mí que siento como si pudiera escuchar mis propios pensamientos en su mirada. Es como si pudiera leer mi alma, como si supiera que estoy guardando un secreto. —Emma —dice, su voz profunda y resonante, más baja ahora, con un toque de amenaza—. No tienes que hacer esto. No tengo idea de a qué se refiere, pero su tono es claro: él sabe que algo está pasando. Sabe que estoy ocultando algo, aunque yo

