Manson se aleja hacia la ventana, su silueta recortada contra la luz tenue del atardecer. La tensión en sus hombros es palpable, como si cargara el peso de su propio caos y del mío. Por un momento, pienso en todo lo que podría haber sido diferente si nunca lo hubiera conocido. Si nunca hubiera entrado en ese bar esa noche, si nunca hubiera aceptado su primer beso, si nunca me hubiera dejado llevar por la tormenta que representa. Pero entonces me recuerdo a mí misma que no soy alguien que se queda al margen. Siempre salto al vacío. Y aunque este salto sea más oscuro y peligroso de lo que jamás imaginé, ya no puedo detenerme. —¿Qué hacemos ahora? —pregunto con mi voz más firme de lo que esperaba. Manson se da vuelta, sus ojos oscuros fijos en mí con una intensidad que me hace temblar. —P

