El sonido de su voz me golpea como una bofetada. Durante meses imaginé lo que le diría si volviera a aparecer, cómo lo enfrentaría con toda la rabia y el dolor que dejó a su paso. Pero ahora que está aquí, tan real y tan cerca, no puedo moverme. Brandon da un paso dentro del departamento sin siquiera esperar una invitación, cerrando la puerta detrás de él con un clic seco. Me doy cuenta de que aún estoy sosteniendo el cuchillo, pero no lo bajo. —¿Qué estás haciendo aquí? —logro decir mi voz firme a pesar del temblor en mis manos. Él se detiene, sus ojos claros recorriéndome de arriba abajo con una sonrisa ladeada que solía hacerme derretir, pero ahora solo me provoca náuseas. —Vaya, Emma. Sigues tan hermosa como siempre. —Responde la pregunta. Su sonrisa se desvanece un poco, y por p

