—¿¡Pero cómo se puede ser tan subnormal!? —No grites, Kiara. —¿¡Encima me dices que no grite!? ¡Nos has dejado encerrado! —¡Bueno lo siento, no sabía que había aquí una puta palanca que nos iba a cerrar! —¡Te dije que no tocases nada! —¡No bonita, no me dijiste nada de eso! —¡Es que si te lo hubiese dicho, tampoco me hubieses hecho ni caso! —¡Deja el grito, nos puede escuchar Jennifer! —¿¡Te refieres a la zorra que te follaste ayer!? —¡Hace cinco minutos me has dicho que no ibas a reclamarme eso! —¡Tienes razón, pero lo voy a hacer! ¿¡Cómo se te ocurre hacer eso con todo lo que nos ha liado!? ¡Es increíble lo imbécil que te vuelves cuando se te calienta la polla! —¡Deja de torturarme, yo ya sé que la he cagado y estoy muy arrepentido! —¡Que te arrepientas no borra lo que has he

