—Oh… así que la niña no comprende —frota su sien—, me he enterado de la estúpida ocurrencia que tuviste de casarte, una cosa es mentir y otra ¡que lo hagas estúpida! —Respeta —grito. No tolero que él se comporte de esta manera conmigo, sé que he cometido una enorme locura, pero eso no significa que permitiré que me trate de esa forma, no. —Que respete a alguien que no respeta —sin verlo venir me suelta una cachetada. —Padre, no puedo creer que por primera vez me pongas las manos encima—reprimo el sollozo y el miedo que mi padre causa en mí—, porque quieres que vuelva con él, quiero saber el cambio, ¿qué es lo que te dijo ese infeliz? Maldito infeliz, Eduard ve todo y no hace nada para decir ni una sola palabra y menos para defenderme. —Estoy aquí por ti, tú eres mi tesoro más grande

