Minutos después entramos al castillo para dar la noticia, aún no sabía cómo sentirme o cómo actuar, ahora era un mujer comprometida, prontamente estaría en un hogar ajeno al mío, compartiendo con personas ajenas a mi círculo social habitual, comiendo en otra mesa, alejada de todo lo que conozco. Para otras mujeres esto podría ser motivo de felicidad, pero para mí era un sacrificio. -Buenas tardes, rey Thomas – Damián se encontraba frente a mi padre haciendo una reverencia, no podía notarse gracias a mi vestido, pero mis piernas estaban temblando. -Buenas tardes, príncipe Damián. Es un placer tenerle de visita en nuestro reino, espero que disfrute de nuestro clima, de nuestra gente, de nuestras comidas y nuestra cultura – las palabras de mi padre no solo parecían sinceras, iban acompañada

