La noche era un susurro tenso en los pasillos del hospital. La incertidumbre flotaba como una sombra sobre cada paso, sobre cada mirada. Camila no se había movido de la misma silla desde que Daniela salió del quirófano. Alberto caminaba de un lado a otro, murmurando oraciones entre dientes, y Isabella se había sentado a cierta distancia, cruzada de brazos, observando en silencio. La puerta de la unidad de cuidados intensivos se abrió con un chirrido y Daniela volvió a aparecer. Su rostro estaba marcado por el cansancio, pero también por la firmeza que caracterizaba a quien había salvado una vida. —Camila —llamó con suavidad—. Ya lo subieron a la UCI. Puedes verlo… desde afuera. Todavía no pueden entrar. Su estado es muy delicado. Todos se pusieron de pie. Alberto dio un paso al frente.

