—¿Hablabas en serio Immanuel? —pregunto cruzándome de brazos. —Alicia, lo que pasa es que estaba de mal humor. A veces me paso de impertinente. Él sabía que, en realidad, no había contestado a mí pregunta. —Entiendo —respondí. Le conteste del mismo modo que lo había dicho la noche previa; luego me giró hacia los asientos vacíos de la audiencia, otra vez con la mirada pérdida en mis ojos. —Mira Alicia, te prometo que te compensaré de algún modo —soltó, al tiempo que me cogía de las manos. No me preguntes por qué lo dijo. Por primera vez aquella noche, sonreí. —Gracias —musito al mismo tiempo que me daba la vuelta para mirarlo. —¿Alicia? —¿Sí, dime señorita Fausto? —Creo que ya va siendo hora de que vayas a cambiarte —anunció la mujer, gesticulando exageradamente con las manos. —T

