Asentí con los labios apretados, consciente de lo que decía, yo entendía con exactitud a lo que se estaba refiriendo. De hecho, ya lo éramos; desde que la profesora Fausto había anunciado que los dos haríamos los papeles principales y como una pareja, todos nos llamaban « Alicia y Immanuel, el dúo dinámico» . El hecho de que se le ocurrió precisamente a él, aquel apodo hizo que me sintiera fatal, y me puse más tensa. Él irguió la espalda en la silla y me miró con una enorme tristeza en los ojos, como si esperara que yo fuera a rechazar su petición. Supongo que, Schwarz, no sabía cómo me sentía. Y siguió con su monólogo, mientras mordía con fuerza su labio inferior: —Sé que no fui la mejor persona con nadie, en esos años de mi vida. Pero de verdad quiero otra cosa, solo esa vez, un camb

