En cuanto Elisabeth, llegó a casa el día que se había sincerado con Claudio. Martina, le preguntó a su hija qué pasaba: —Parece que has estado llorando, hija! ¿Qué ha pasado? La joven puso alguna excusa y estaba a punto de salir del comedor cuando Moisés, su padre, la obligó a sentarse a la mesa. —¡Siéntate ahí, Elisabeth! Tu madre y yo hemos notado tu comportamiento anormal. – Moisés, quería dejar las cosas claras. —Te quedas por ahí en los rincones de la casa, llorando, preocupada, pensativa… – Martina, se mostró amiga, sabiendo que Moisés, tenía la mecha corta: su nerviosismo podía explotar en cualquier momento, si su hija insistía en mantener sus problemas en secreto. —No es nada, madre... La escuela, los exámenes… – Elisabeth, se dio cuenta de que había llegado el momento de abri

