La idea de Freud, no sólo fue brillante, sino que fue un verdadero diamante, ya que todavía ayudó a acercar más, a los dos. Zeus, llamó. Y Mónica, mostró su alegría. —Hola, Zeus! Me alegro de que hayas llamado. En primer lugar, me gustaría darle las gracias por las flores. Son HER-MO-SAS. Me encantó recibirlas. Has demostrado lo sensible que eres… El reportero no pudo disimular la alegría. Sabía que las rosas funcionaban como un tiro seguro… ¡puf!, justo en el centro del objetivo. Su padre decía que era una flecha real de Cupido, el dios del Amor. —Incluso estaba preocupado. Seguí esperando y ni siquiera llamaste para agradecerme… —Es que no tengo tu número de teléfono… Y también, estuve muy ocupada estos días. ¿Por qué no vienes a verme esta noche? Entonces te mostraré lo feliz que m

