Me dirigí a la habitación, la cual no se veía mejor que el resto del motel. Noté en la expresión del rostro de Gonzalo que pensaba lo mismo que yo. Para empeorar la situación, se escuchaban gemidos provenientes de la habitación contigua. No pude evitar reír. —Son unos exhibicionistas. —Recuéstate —me indicó mientras quitaba las cobijas de la cama. —Descansa tú, yo prefiero el sofá.— Digo —Vamos, Romina, o me tienes miedo.— Él ríe burlón —Sí, estás tan cansado, duerme. Yo muero de hambre, así que iré a ver si compro algo para comer —noté que frunció el ceño, pero lo ignoré. —Podemos ordenar servicio a la habitación.— Propone en un tono seductor —No creo que haya. Como estás tan cansado, supongo que no tendrás apetito. —Ahora que lo dices, ya se me despertó el apetito.— Ríe —Bie

