Llegué a casa de los Wallace lista para empezar a cuidar a los niños. Llegué un poco antes y estuve charlando un rato con la señora Wallace mientras se arreglaba. Durante la conversación, le comenté que tenía una invitación a un baile de gala al día siguiente y me lamenté de no tener un vestido de noche decente. La señora Wallace se giró y me miró pensativa. —Si no me falla la memoria —dijo—, tienes una talla 38C de busto. Lo he notado porque tu figura es muy parecida a la mía. Quizá te vendría bien uno de mis vestidos de gala. Dejaré un par que creo que te quedarían bien sobre la cama para que te los pruebes después. Si te gusta alguno, llévatelo a casa. Puedes devolverlo la próxima vez que poses para nosotros. Le di las gracias y, de hecho, tenía muchas ganas de probarme uno en ese mis

