—Sí que había —refunfuñé—, pero las usé todas limpiando después de los niños y me olvidé de reponerlas. Se rió de mí, admitiendo que sabía que los niños a veces hacían algún que otro desastre. Oí arrancar un coche fuera y supuse que su padre y Mick ya estaban de camino a casa, y eso me tranquilizó aún más. —Si me disculpan —dije—, voy a secarme y vestirme —dije señalando con el pulgar hacia la habitación de invitados mientras hablaba. —No —dijo. —¿Disculpe? —pregunté, desconcertado. "Dije que no, lo que significa que no te estoy excusando", dijo, sonriendo radiante. Podía permitirse sonreír. Ahora sostenía la toalla de nuevo, después de habérmela quitado de un tirón antes incluso de que me diera cuenta de lo que hacía. Jadeé e intenté arrebatársela, pero él la soltó con frialdad jus

