Manuel me afirmó de los hombros y buscó mi mirada, la suya llevaba comprensión y algo de lástima. ―Debes esperar, Leo, no sé hasta cuándo y no sé cómo lo sabrá, pero no es momento de desesperarte. ―Creo que lo mejor será buscar a mi familia yo solo, no puedo continuar aquí y no decir lo que sé, no puedo, Manuel, y si eso va a poner en peligro a Abril y a nuestro clan, prefiero alejarme. ―No puedes hacer eso. ―Puedo y lo haré. ―Si se nos dio esta misión a todos juntos, es porque ese clan no puede ser destruido por uno solo, ¿cuántos crees que han intentado detenerlos? Leo, no solo nosotros hemos venido tras ellos, otros han venido antes que nosotros, ¿crees, acaso, que yo fui devuelto a la vida por mi simpatía? ―ironizó―. No, Leo, no; si yo fui enviado aquí, fue con una misión muy

