Anthony, al preparar la velada, se aseguró de que cada detalle en la suite reflejara lo especial de aquel encuentro. Optó por un traje azul marino claro, que le daba un aire fresco y elegante. Frente al espejo, ajustó la corbata y se contempló por un instante, dejando entrever una sonrisa de expectativa. Sabía que esa cena significaba más que una simple reunión para ponerse al día; era un intento sincero de reconectar y escuchar lo que María Elena tenía que decirle. Mientras tanto, en su apartamento, María Elena observaba su reflejo en el espejo de cuerpo entero. El vestido burdeos que había elegido envolvía su figura con elegancia y sutileza, resaltando su piel y sus facciones. Se colocó unos aretes brillantes y aplicó un toque de perfume en las muñecas y el cuello. Con un suspiro, inten

