María Elena parpadeó, regresando al presente, y una ola de emociones la invadió. El peso de su decisión de años atrás, del juicio y de esa separación tan abrupta, era una herida que aún no sanaba. Se secó las lágrimas y, con un nudo en la garganta, se vistió apresuradamente. Cuando salió a la sala, sus ojos se llenaron de una tristeza renovada al ver a Michael junto a Anthony. Su pequeño hijo sostenía un álbum de fotos, pasando las páginas con entusiasmo mientras Anthony observaba cada imagen con una mezcla de nostalgia y sorpresa. —Mira, papá —decía el niño con entusiasmo, señalando una de las fotos—. Aquí fue cuando cumplí cinco años. ¡La fiesta fue grandísima! —comentó con una sonrisa—. La hicimos en la hacienda del abuelo Joaquín en Colombia, y estaban ahí todos mis primos y tíos. —M

