Elliot se tensó, pero no soltó a María Elena de inmediato, manteniendo su postura defensiva y sin apartar la vista de Anthony. Una ligera sonrisa de desafío apareció en sus labios. —¿Apoyo? —replicó Elliot, con un tono cortante y desafiante—. ¿Y dónde estaba ese apoyo cuando ambos enfrentaban el mismo caso? Anthony mantuvo la mirada, aunque el comentario lo descolocó. —Lo hice lo mejor que pude, Elliot. Elliot soltó una risa fría. —¿Lo mejor? Si realmente la hubieras apoyado, habrías renunciado a defender a Díaz, pero no, ¿verdad? Seguiste adelante hasta el final, la enfrentaste en el juicio, y cuando las cosas se pusieron mal… la dejaste sola. Toda la culpa ha caído sobre ella, y sí, ella se equivocó, pero tú podrías haber renunciado y apoyarla… y no lo hiciste. Las palabras de Elli

