La pregunta sorprendió a Anthony, quien lanzó una mirada rápida a María Elena, buscando alguna señal de lo que ella pensaba. Ella le sostuvo la mirada, sin intervenir, dándole la oportunidad de responderle directamente al niño. Anthony tomó una pausa y luego, con una sonrisa, respondió: —¿Te gustaría que me quedara, campeón? Micky asintió con entusiasmo, sus ojos brillando de alegría. —¡Claro! Así podrías contarme un cuento antes de dormir, y podríamos desayunar juntos. —Se giró hacia su madre con una expresión de súplica—. ¿Sí, mamá? ¿Papá puede quedarse? María Elena, sin querer romper la ilusión de Micky, le sonrió suavemente y asintió. —Si él quiere quedarse, por supuesto que puede, cariño. Anthony sintió una calidez inesperada al escuchar las palabras de María Elena. Había llegad

