Micky lo miró, sonriente pero con aire serio. —Gracias, papá, pero soy un niño grande y puedo hacerlo solo. Anthony sonrió ante la determinación de su hijo y, tras una breve pausa, le preguntó: —Y dime, cuando mamá está trabajando, ¿con quién te quedas? —Por lo general, me cuida la niñera —respondió Micky, guardando cuidadosamente sus botines—, pero a veces no viene sin razón. Mamá no la despide porque es de confianza y buena conmigo, pero cuando eso pasa, me cuida la tía Dafne, si no está ocupada, o la abuela Lu. Anthony asintió, impresionado por la madurez en las respuestas de Micky y aliviado de saber que contaba con una red de apoyo familiar sólida. Observándolo, sentía un profundo respeto y admiración tanto por María Elena como por la familia que había construido alrededor de su

