Por la tarde, Kath observó por la ventanilla la carretera que los llevaría de regreso a la mansión Brown, Antonio condujo la camioneta que la llevaría de regreso a su hogar, pero Michele no había ido con ella. “Tengo asuntos pendientes” fueron las palabras que mencionó Michele a su esposa cuando le ordenó a su chofer asegurarse de que Kath llegara con bien a casa. Eran alrededor de las siete de la noche y Kath soltó un suspiro, ansiaba quitarse los tacones y descansar en su habitación mientras cenaba en la terraza. Kath había comenzado a acostumbrarse a las repentinas salidas de Michele, ella era consciente de que él no era como cualquier CEO, era un hombre que de la misma forma en que ajustaba su traje elegante y caminaba con su costoso calzado italiano, para reunirse con la elite neo

