32 | Tortura La respiración de Gia se volvió más agitada cuando Lucian dio unos pasos sobre el mármol blanco y sujetó un mechón de su cabello. Los vellos de su nuca se erizaron y sus fosas nasales se expandieron; con su iris celeste observó a Lucian y después a la puerta, mientras su pecho subía y bajaba por la adrenalina de saber que sus hermanos podrían ir a buscarla. Hubo un momento de silencio absoluto; la tensión entre ambos era una corriente eléctrica que parecía llenar el espacio. Lucian se relamió los labios sin apartar la mirada de ella. Estaban solos, uno tan cerca del otro, y aunque ambos estaban vestidos, la idea de verse sin el antifaz y conociendo la identidad del otro volvía el encuentro mucho más intenso. —Te busqué —dijo Lucian sin rodeos. Después de que Gia lo aban

