Era de madrugada cuando Alessandro llegó al departamento de Sam, su rostro estaba enrojecido por los golpes y su piel tenía algunas marcas, sumado al dolor. La noche había sido larga, y aunque había pasado por varias situaciones difíciles, esta vez la intensidad del conflicto había dejado huellas visibles en su cuerpo. La luz de la calle iluminaba débilmente el pasillo mientras Alessandro, con dificultad, tocaba la puerta del departamento de Sam. La puerta se abrió lentamente, y Sam, aún en pijama y con una expresión de sorpresa, se encontró frente a una escena que no esperaba. Alessandro estaba allí, con un labio roto y moretones esparcidos por su piel. La preocupación se apoderó de ella al instante, no era común que alguien llamara a su puerta, sin embargo, antes de subir, Alessandro le

