Alessandro no perdió un segundo después de recibir la llamada de Michele. Estaba en el puerto, revisando las cargas, pero la urgencia en la voz de su jefe hizo que abandonara todo, subiendo de inmediato a su auto y dirigiéndose a la mansión Brown. Condujo con una mezcla de prisa y preocupación, presintiendo que la situación no era nada buena. Al llegar a la mansión, el panorama fue desolador. Las puertas estaban abiertas, y los guardias de Michele yacían en el suelo, algunos inconscientes, otros gravemente heridos. Alessandro no necesitaba siquiera subir a las habitaciones para saber que Kath ya no estaba. Apretó sus puños y también sus dientes, pensando en cómo pudo haber sucedido algo así en un abrir y cerrar de ojos. Michele, junto con Jesse y Matteo, llegó minutos después. El rostro

