29| Hierba mala Luego de un par de días en Marsella, Michele, su asistente y su padre —en compañía de Raven— se instalaron en un hotel de cinco estrellas. Era la mañana del viernes; el cielo estaba teñido de un rosa suave que contrastaba con la tensión palpable en el aire. Michele fue notificado de que la reunión con los franceses al fin se llevaría a cabo. Él, junto con Jesse e Isabela, subió a un auto custodiado por sus hombres. Pero antes de la cita, harían una parada en una de las mansiones que poseían en Francia. Mientras el vehículo los conducía a su destino, Michele repasó los detalles en su mente. Sabía que esta visita a Marsella era crucial: su enemigo había estado intentando apoderarse de las rutas de contrabando que habían sido la columna vertebral de su operación durante año

