Cuando Michele salió de su despacho para ir al Diamante, observó a Katherine sospechosa; parecía distraída y para Michele fue fácil leer su rostro. Se notaba preocupada por el resultado de sus estudios y Michele sabía que la ansiedad podía llevarla a tomar decisiones equivocadas. Al salir de la mansión, pudo sentir la mirada de Kath desde la ventana; Michele elevó un poco su rostro y observó su silueta por el rabillo del ojo. —Llévame al Diamante —ordenó a Antonio al dirigir su mirada al vehículo, mientras ajustaba sus gemelos y abordaba la parte trasera de la camioneta. Al llegar, Michele entró en el hotel con una presencia dominante; sus pasos resonaron en el vestíbulo de mármol pulido igual que siempre. Los empleados que se encontraban a su paso se alinearon con un respeto casi

