44 | Palabra mágica Sam tragó con dificultad al escuchar la voz gruesa y sugerente de Alessandro. Su tono no le agradó y frunció el ceño; prefiriendo ignorar al rubio cubierto de tatuajes, Samara comenzó a girar sobre su eje mientras observaba la sala de control de seguridad, rodeada por una impresionante cantidad de tecnología. Los monitores parpadeaban con gráficos y datos en tiempo real, y el zumbido constante de los servidores era lo único que rompía el silencio entre ella y Alessandro. La magnitud del lugar la abrumaba un poco —jamás había trabajado en un sitio tan equipado—, pero también la llenaba de una emoción que electrizaba su piel. Sabía que estaba en el corazón de las operaciones de la mafia y tenía claro que debía tomarse las cosas en serio. —No me mires así —exclamó Sa

