40 | Tus deseos son órdenes Michele sintió el calor del aliento de Kath en su boca cuando se inclinó a besar sus labios. Se había hundido por completo y, pese a que en un principio quiso hacerlo de la forma más salvaje posible, se detuvo; lamió su cuello, sus pezones y sintió cómo el cuerpo de Kath reaccionaba ante cada beso y cada caricia. —Jodidamente apretada —dijo Michele contra sus labios, sintiendo cómo las paredes vaginales de Kath lo presionaban con fuerza; era delicioso, excitante. La respiración de Kath se calmó un poco y Michele dejó que se acostumbrara a su tamaño. Un gemido suave salió de la boca de ella cuando él se retiró ligeramente, dejando aún la mitad de su longitud dentro. —Duele —inquirió Kath, quien no dejó de ejercer presión en los brazos grandes y fuertes d

