22 | Tentando al diablo El cuerpo de Kath se tensó al sentir los labios de Michele sobre su piel. Igual que un pequeño cachorro indefenso ante un lobo enorme que está a punto de devorarlo, se estremeció sintiendo su lengua húmeda entre sus pechos y sus manos recorriendo sus muslos y espalda. —Bebe —dijo él, entregándole la copa con la mitad del licor. Katherine la recibió y la bebió de un solo trago. —Tráeme dos copas —ordenó Michele a una de las camareras, quien de inmediato fue por los tragos. Kath lo observó y, con una sonrisa, le preguntó si solo la haría beber—. Podría hacerte muchas cosas, unas que ni siquiera imaginas, pero hoy solo beberemos —espetó él con calma, sin retirarla de su regazo; disfrutaba de tenerla allí mientras todos a su alrededor sabían que ella era intocable

