21 | Una pulsera negra Sonriendo ante sus palabras, Michele acarició el antifaz que cubría los ojos de su prometida. Sus dos hombres, que tenían instrucciones de vigilarla, le habían informado que ella había seguido a Lucian hasta el club. Mientras él hablaba con su tío, Katherine se debatía entre ingresar o esperarlo afuera. Kath no era una mujer a la que le gustara esperar para recibir explicaciones; quería saber la razón por la que habían llevado a Lucian a ese lugar. Por lo cual, decidió averiguarlo por sí misma. Justo antes de que cruzara el umbral, Michele llegó hasta ella. —Si entramos, es probable que ya no quiera salir, y que no permita que tú lo hagas. ¿Estás dispuesta a hacerlo de todos modos? —preguntó. Mantenerse ahí dentro con Kath sin hacer nada no sería una tarea fác

