26 | El club del cuervo Luego de colgar la llamada con Lucian y confirmar que se encontraba en aquel club, Kath respiró hondo y sonrió para sí misma. «Qué escondido lo tenías, Lucian», pensó al recordar la seriedad que siempre imperaba en el rostro de su tío. Pese a que eran muy cercanos, él jamás le había hablado de ese lugar ni le había mencionado que fuera un cliente frecuente. Kath se dejó caer boca arriba en su cómoda cama, colocó el celular sobre su pecho y observó el ventanal. Dentro de pocos días se llevaría a cabo su compromiso y, poco después, la boda. Al cerrar los ojos, la imagen de Michele la invadió: sus dedos en su interior mientras ella montaba su regazo. Michele era un tipo ardiente y peligroso; un hombre con quien, a pesar de desearlo tanto, aún no estaba lista para c

