43 | Sala de seguridad La misma tarde de ese domingo, Alessandro se despertó con el sonido del despertador. Los rayos de sol golpeaban con fuerza sus ventanas y, tras una noche extenuante en el puerto de Nueva York, su cuerpo aún se sentía agotado. Se incorporó lentamente, estirando sus músculos adoloridos. Las revisiones interminables de cargamentos, la tensión palpable en los hombres bajo su supervisión y la constante vigilancia para evitar cualquier intento de sabotaje eran tareas agotadoras. Se dirigió al baño tras parpadear un par de veces; el agua fría de la ducha lo ayudó a despejar la mente y sacudirse la somnolencia. Mientras se colocaba un pantalón n***o y una camisa de mangas largas arremangadas hasta los codos —dejando ver sus tatuajes—, pensó en la tarea que Michele le hab

