Aparque el coche en la entrada de la casa grande de dos plantas y baje el piso crujía bajo sus pisadas, sus janes negros se le pegaban a su piel algo húmeda por el calor de aquel lugar. Toque la puerta, podría haber entrado, haber roto todo y luego matar a cada una de las personas de esa casa si no tenían la información a o la persona que necesitaba, pero, el simple hecho de tocar la puerta me hacía sentir...normal. Hacia muchos días que no me sentía así, después de la desaparición de Valeria, de su huida, me sentía como un zombi, no comía tampoco. Como si eso me fuera a llenar, lo había intentado muchas veces y no había sucedido nada al contrario el hambre había sido feroz, se sentía cansado e irritado. La puerta se abrió con un sonido susurrante, demasiado bajo para los oídos humanos,

