-un monstruo no me cuidarías como lo haces- murmuré, inhale su fragancia exquisita tan varonil, cítricos y canela- porque a pesar que me tienes aquí… - no creí que la palabra secuestrada sea de ayuda -estoy mucho mejor de lo que podría estar en una cárcel-bromee acariciando con suaves trazos su cuero cabelludo, insegura de si debía hacerlo o no. -¿cómo sé que no mientes?- sus labios acariciaron mi cuello húmedo por la sangre que seguía brotando. -no tengo nada que perder- susurre melancólica. Su lengua se paseó por mi cuello lamiendo la sangre que corría como pequeñas lágrimas, mojando mi polo, lamio la herida y jadee por los pequeños besos que poco a poco ascendieron, a mi mejilla mi mentón, su mirada violeta con motas rojas chocaron con los míos- donde estuviste todo este tiempo- y en

