Ivana abrió los ojos sintiendo una briza fresca que la hizo estremecerse un poco gracias al contraste que tenía con las cálidas sábanas, vio que una de las puertas del balcón estaba abierta y sonrió de lado pensando en que la próxima vez debía asegurarse de cerrarlas bien antes de irse a acostar. Los últimos dos días se la paso trabajando en el hotel porque no tenía ganas de ir a la oficina y toparse con sus dos colegas, por suerte las llamadas insistiendo por su ayuda se habían detenido y de no ser porque el señor Marino la cito a una junta ese día en definitiva no hubiese ido al recibir los correos por parte de Mario el día anterior avisándole de la junta; se sentó en el colchón dejando que la sábana se deslizara por su torso permitiéndole verse en el espejo que estaba frente a la cama, se había quedado desnuda, le encantaba dormir de esa manera y mientras observaba su reflejo trataba de darse ánimos para ir a la empresa a comenzar su día laboral.
Se levantó y se dio una ducha rápida, cuando salió se puso la ropa que ya había escogido desde el día anterior ya que no le gustaba perder el tiempo por las mañanas buscando que usar en el amplio closet lleno de ropa, una camisa blanca de manga larga, un traje de pantalón y saco en color n***o, y un par de tirantes que se cruzaban en su espalda, todo muy sencillo y básico; le gustaba usar trajes porque era lo que usualmente usaba para ir a trabajar, tantos años usándolo como un uniforme ahora se había vuelto parte de su forma habitual de vestir, además que le daba ese toque de elegancia necesario para hacerse respetar frente a los imponentes hombres de negocios que solía atender. Los tacones en color n***o dejaban al descubierto los dedos de sus pies, tenían un nudo como adorno y el talón descubierto sostenido con una cinta por detrás, daba gracias al cielo que pudiera manejar ese tipo de zapatos porque si no, hubiese estado preocupada a la hora de bajar las gradas ya que no alcanzo a subir al elevador gracias a la vieja cascarrabias del fondo del pasillo que no lo detuvo ni porque la vio acelerar el paso, no culpaba a la doña por odiar a medio mundo y es que ella llevaba ese camino.
– Señorita Alenka. – Fabrizio la llamo – Buenos días, creí que no ibas a bajar nunca. – dijo el hombre muy sonriente.
– Hola, perdona, pero la momia del fondo volvió a dejarme sin poder subir al elevador. – ambos rieron porque ya sabían cómo era la doña.
– ¿Dónde vamos primero? – pregunto abriendo la puerta de la limosina Fabrizio.
– A desayunar, se me antoja un capuchino y una tarta de frambuesas. – subió al auto, Enzo se negó a cambiar el auto por el que le había dado antes ya que ella se negó a escoger otro.
Lo vio dar la vuelta trotando y no se pudo contener una risita, parecía ser un hombre con actitudes infantiles, aunque sabía que bajo aquella sonrisa amable se ocultaba un hombre frio y que tenía su carácter, lo había visto enojar durante el tráfico en más de una ocasión, sabía que los tipos con el semblante más dulce eran los que más daño podían hacer en todos los sentidos, experiencia o desconfianza, cualquiera que fuera lo que la hacía pensar de esa manera, siempre tenía la razón.
– ¿Sabes por qué es la junta de hoy? – pregunto Fabrizio antes de poner en marcha el auto.
– No tengo idea, solo recibí un correo diciéndome que tendría que presentarme a la oficina hoy y el señor Marino me llamo anoche, aunque pedí que mi participación fuera virtual se me fue negada. – suspiro profundo viendo por la ventanilla.
– Ya veo ¿Te has peleado con Dianina? – él solo tenía confianza con Ivana y por eso solo hablaba con ella usando los nombres de pila de los demás.
– Digamos que tuvimos más diferencias en nuestras formas de pensar. – ella ladeo la cabeza para verlo por el retrovisor.
– Porque no me sorprende. – Fabrizio se rio.
– Oye, el señor Marino ya te informo que no estaré en la empresa por un mes. – prefería cambiar de tema.
– Si, algo me dijo sobre eso ¿Te vas a tomar vacaciones? – la vio asentir por el espejo – Ya era hora, creí que ibas a ser de esas que se dedicaban solo al trabajo y que al final se sus días estaban enojadas con la vida por no haber disfrutado lo suficiente. – la escucho dar una carcajada.
– Dios, todos critican mi dedicación al trabajo. – se recostó más sobre el asiento.
– Es que es la verdad, en los once años que llevo trabajando con el señor Marino jamás había visto a una mujer centrarse tanto en el trabajo y mucho menos aguantar por tanto tiempo. – el hombre no estaba mintiendo y tampoco exagerando.
– Dicen que para todo hay una primera vez. – se encogió de hombros.
– Si, igual que para un colapso mental por exceso de trabajo. – negó con la cabeza.
– Es gracioso. – Ivana saco su celular para verlo.
– ¿Qué cosa? – él la vio por el retrovisor de nuevo.
– Siento que estoy a nada de sufrir un colapso nervioso y emocional por estarme sobre exigiendo en cosas que no debo. – se mordió el índice derecho mientras veía por la ventanilla.
– Dicen que todo lo que los presentimientos deben atenderse cuando se sienten, piensa más en tu salud y menos en el dinero. – ese comentario la hizo alzar una ceja burlona.
Si supieran porque es que estaba a punto de colapsar seguramente le estarían dando otro tipo de consejos, en el resto del viaje no hablaron más ya que Ivana se concentró en revisar sus correos electrónicos y cuando revisaba los asuntos pendientes se dio cuenta de que se había saltado una fecha muy importante, su tercer día en Las Vegas era el mismo donde había apuntado la cita con su ginecóloga para la aplicación de la inyección anticonceptiva y sabía que debía que debía ir a esa cita, aunque fuera tarde. Fabrizio la acompaño a desayunar y estuvieron platicando de cualquier cosa que saliera durante la marcha porque tenían una buena amistad que fluía tal cual, aunque su nivel de confianza no iba muy lejos porque Ivana seguía pensando que era el espía de Enzo y cuidaba mucho sus palabras, en más de una ocasión había comentado desear algo y mágicamente su jefe le daba la sorpresa de lo que deseaba, casi siempre era algo de comer, después de desayunar el hombre la llevo a la empresa para que fuera participe de la junta que reuniría a los tres directores.
Colgó la cartera en su antebrazo izquierdo una vez bajo del auto y camino hacia el edificio mientras abrochaba el botón del saco, como cada mañana saludo a todos los que trabajaban en el lugar y subió al elevador viendo que iba dentro del tiempo de entrada pues no le gustaba estar tarde a ningún lugar, la junta seria a las nueve de la mañana y pensaba pedir permiso para ir por una hora con su ginecóloga y que le pusiera la inyección después de darle un sermón por ser nuevamente impuntual, por suerte era un pinchón en el trasero cada tres meses, sin efectos secundarios y sin preocupaciones de convertirse en madre.
– Buenos días. – saludo a sus dos compañeros que estaban conversando cerca del elevador.
– Ivana... – Mario la siguió – ¿Tu sabes porque es la junta de hoy? – entro a la oficina de ella junto a Dianina.
– Es algo con referencia a alguno de los proyectos, supongo, porque no estoy segura. – dejo la cartera sobre el escritorio.
– Es que me pareció extraño recibir su llamada anoche siendo que aún tengo licencia para faltar al trabajo y por eso te envié el correo. – el hombre vio a la mujer a su lado.
– Pues yo creo que no vas a poder terminar tus días de descanso, hay mucho trabajo que hacer y yo no me voy a ocupar de tus cosas por más tiempo porque ya me arte. – se sentó en su silla para encender la computadora de escritorio.
– ¿Por qué vienes de malas pulgas hoy? – pregunto Dianina sentándose en una de las butacas frente al escritorio.
– Asuntos personales. – abrió la gaveta de abajo para sacar una botella con agua.
– ¿Estas enferma? – pregunto Mario al ver las dos pastillas que saco de la cartera.
– No, esto es lo que las mujeres responsables tomamos cuando se nos olvida usar condón y no queremos hijos... – se tragó las dos pastillas con un buen poco de agua, solo eran unos analgésicos para el dolor de cabeza – Esto va para los dos... – cruzo una pierna sobre la otra y desabotono el saco – Que sea la última vez que me llaman de sus números personales, es más, si no es algo relacionado estrictamente con el trabajo ni se molesten en llamarme, ni para saber cómo estoy ni para contarme de sus líos. – se terminó de beber el agua.
– Se supone que éramos un equipo en todo. – Dianina se molestó.
– Disculpa, pero el único equipo que hay aquí es uno de trabajo, más allá de eso no hay nada y ni siquiera somos amigos, no salimos del trabajo a tomar un trago y a contarnos como estuvo nuestro día, es más yo estoy trabajando el triple y me ocupo también de sus proyectos. – los vio con seriedad.
– Yo sé que tienes miedo y que esto puede parecer aterrador, pero confían en nosotros... – Ivana se rio – Piensa en todas las vidas que vamos a salvar y el dinero que podríamos ganar solo con darles la información que están buscando. – los incentivos de Mario iban más por dinero que por ayudar a inocentes.
– ¿Tú crees que lo mío es miedo? – alzo una ceja – Están actuando de una forma muy impulsiva y estúpida, lo único que van a conseguir es que los manden a dormir eternamente, yo no tengo que velar por nadie más que por mí, porque mis padres saben cuidarse solos y tampoco los metería en problemas. – tecleo la contraseña en la computadora y entro a la pantalla principal.
– Yo estoy pensando en darle un lugar seguro a mi hijo... Aunque una mujer como tu jamás podría entender eso, eres solo dinero y acostones casuales, no entiendes el concepto de lo que es ser una mujer de hogar y responsable. – Mario se levantó y salió de la oficina cerrando la puerta de un de un azote.
– Soy más mujer que la pobre infeliz con la que se casó solo porque la embarazo y porque he sabido darme mi lugar ante excrementos como él... – gruño mientras veía a Dianina que se había quedado callada – ¿Qué quieres tú? – pregunto molesta.
– ¿Estas saliendo con alguien? – la pregunta le tomó por sorpresa – Anoche cuando te llame me respondió una mujer. – había sido Mónica, porque paso a visitarlos.
– Era mi madre. – Ivana se recostó en su silla.
– Pensé que estabas saliendo con alguien de forma más seria, pensé que era tu suegra o algo así... estuve pensando y creo que tienes tus motivos de peso, el proteger a tus padres seria tu mayor prioridad. – Dianina sonrió de lado.
Si no estuviera consiente de lo hipócrita que era la mujer le hubiese causado mucha pena el verla con ese semblante tan decaído, pero Ivana era demasiado desconfiada y no dudaba que todo aquello solo era una estrategia para sacarle algún tipo de información que pudiera usar en su contra en un momento con algún chantaje.
– Creo que las razones no son tan importantes como las circunstancias, los están usando para hacer el trabajo sucio. – desvió la vista hacia un lado.
– Disfruta de la compañía de tus padres mientras esto dure... – Dianina se puso en pie – Pasaras muchos años sin verlos libremente solo por tu terquedad, ellos van a perjudicarte y si te acusan no vas a tener oportunidad. – camino hacia la puerta.
– Al menos yo no voy a ver crecer las flores desde abajo. – susurro Ivana viéndola salir.
Dejo escapar un suspiro pesado y es que no valía la pena pelear con una provocación así, pero no pudo evitar responderle, vio la hora y se preparó para ir a la sala de juntas ya que Enzo los cito a los tres para una reunión que aparentaba ser importante, al salir de su oficina se ganó la mirada furiosa de Mario, aunque poco le importo ya que seguía manteniéndose firme con su decisión de no ayudarlos.
– Ivana ¿Pasa algo entre tú y Mario? – pregunto una de las secretarias del señor Marino al ver que ambos evitaron cruzarse en el camino del otro.
– Asuntos personales, no es mi culpa que su novia no supiera cuidarse bien y el ser padre le alboroto las hormonas. – bromeo haciendo reír a la mujer.
– Ha vuelto muy raro, llego a mi escritorio preguntando si podía entrar a la oficina del señor Marino cuando él no había venido todavía, como le dije que no se enojó conmigo. – dijo la secretaria aun riendo.
– Creo que está buscando que lo despidan por entrometido... – rodo los ojos y sintió unas manos grandes tomarla por los brazos haciéndola voltear – Señor Marino, buenos días. – sonrió verlo.
– Buenos días ¿Cómo estás? – se saludaron con un beso en la mejilla.
– Bien, aunque quiero hablar con usted después de la reunión. – entro a la sala de reuniones donde estaban sus compañeros.
– ¿Qué paso? – Enzo la vio preocupado.
– Una cita médica choco con el viaje que tuve y la perdí, quería pedirle permiso para ausentarme por dos horas esta tarde. – comento Ivana.
– Puedes salir antes del trabajo y así ya no vuelves, regresas a casa tranquila. – tomo una carpeta y ordeno las páginas.
– Es que la doctora tiene un hueco a las once de la mañana, tomaría una hora de mi horario laboral y la otra del almuerzo. – explico Ivana.
– Esta bien, le llamare a Fabrizio para que te lleve y vuelves cuando pases consulta, si no logras almorzar te tomas media hora para hacerlo... – Enzo sonrió – Sabes que no me gusta que aguantes hambre y sobre todo siempre estará tu salud. – le guiño un ojo divertido.
– Gracias, creo que esas dos horas serán suficientes para poder hacer todo lo pendiente. – fue a sentarse al lado de Dianina.
La secretaria les entrego unas carpetas donde iban las copias del proyecto que estuvieron planeando desde hace tres años ya, consistía en la expansión del hotel que estaba en Egipto y es que planearon agregarle un centro comercial para volverlo más completo y que las personas que lo visitaran tuvieran una mejor experiencia, era un proyecto en el que todos participaron con ideas y estuvieron en constantes reuniones con arquitectos para analizar las estructuras, que tan factible era y los costos de inversión que tendrían que hacerse; se suponía que Oro de El Cairo era una simple pantalla para hacer negocios ilegales y era por lo que aquellos tontos policías los habían increpado, no era un hotel nuevo, era la expansión de uno ya hecho y en eso los policías fallaron, Ivana pudo ver como sus dos colegas se veían a los ojos y prestaban completa atención a lo que fuera a decirles Enzo.
– Bien, la reunión de hoy es porque tenemos el interés de cuatro futuros inversionistas que están interesados a ganar con un proyecto tan ambicioso como el que tenemos. – explico Enzo mientras iba pasando las imágenes en tres D en la pantalla del televisor.
– ¿Quiénes son los interesados? – pregunto Mario mientras tomaba notas en una pequeña libreta.
– Los hermanos Giuseppe son un solo conjunto, el señor Erick Montero y un ruso con el apellido más complicado que la tabla del siete... – todos rieron con la broma – El otro es un empresario egipcio con el que hice asociación la primera vez. – comento mostrando las imágenes siguientes.
– ¿Quién de nosotros lo va a acompañar? – pregunto Dianina que también tomaba notas.
– Estaba pensando en que fuera Ivana quien me acompañara, pero al final lo harán los tres y quizás podrías llevar a tu esposa. – dijo viendo a Mario.
– Es una buena idea, a Sofía le sentaría bien ver otros aires. – el hombre sonrió.
– Me avisas si acepta para comprar los pasajes de avión y organizar todo, necesito adecuar las cosas a las necesidades de cada uno. – comento Enzo anotando algo en su agenda personal.
– Yo me puedo encargar de la agenda para los días que vamos a estar de visita, también en la organización de los eventos que se harán. – comento Dianina.
– Todo eso ya está organizado, es más un viaje para una reunión donde todos los inversionistas conozcan a los directores más representativos de mi empresa y que Ivana logre engancharlos del todo con una presentación, tienes una facilidad de palabra y un don para convencer a las personas. – Enzo puso sus ojos en ella.
– ¿Va a dejar que ella haga la presentación? son empresarios nuevos y no creo que vayan a confiar mucho en una mujer hablando de estructuras. – Mario la vio con molestia.
– El hotel en Egipto fue el primer proyecto que Ivana se encargó de administrar desde principio a fin, me parece justo que sea ella quien se encargue de atrapar a los inversionistas para su expansión. – Enzo apoyo las manos sobre la mesa.
– Si quieres hacerte cargo hazlo, yo no voy a pelear por eso. – dijo Ivana viéndolo a los ojos.
– Yo llevo más tiempo que ella en esta empresa y creo ser el más indicado paro llevar eso porque entre hombres nos entendemos y me van a tomar más en serio a mí que a ella. – Mario se recostó en la silla.
– Sera Ivana quien se encargue de eso y no está a discusión Mario, tu mantén la cara en las pantallas como siempre porque haces un buen trabajo ahí y deja que ella haga lo que sabe hacer mejor, relacionarse con empresarios importantes. – Enzo frunció el ceño.
– Pero yo también podría encargarme de eso, por mis antecedentes, sabes que soy buena con los números y va a ser algo que ellos quieran escuchar, números de las ganancias que tendrán si invierten. – dijo Dianina.
Era una oportunidad perfecta para que esos dos recabaran la información que pudieran necesitar y el estar en contacto más directo con los inversionistas les daba la ventaja de saber si Enzo planeaba hacer algo ilegal, sin embargo, jamás se habían interesado tanto por ir a juntas, es más, hacia hasta lo imposible por no ir y lo único que estaban haciendo en aquellos momentos era levantar sospechas por su interés tan repentino.
– Señor Marino, él tiene razón, lleva más tiempo en la empresa y podría manejarse mejor con los empresarios siendo que la mayoría son nuevos, además es solo la presentación de la idea expandida y hasta Dianina podría hacer el trabajo. – Ivana no quería problemas con esos dos, pero si podía darles una mano lo iba a hacer con tal de quitárselos de encima.
– Si no te sientes capaz de hacer lo que te estoy mandando te recomiendo que recojas tus cosas y salgas de esta empresa, eres tú o nadie, no voy a mandar a la directora de finanzas a explicar sobre la expansión de un proyecto que jamás manejo. – azoto la carpeta contra la mesa.
– Esta bien señor. – dijo Ivana viéndolo a los ojos.
Vio con reproche a Mario, por intentar ayudarlos acababan de darle un regaño y para colmo el estúpido seguía viéndola con enojo, decidió mandar al carajo sus ideas de ser buena samaritana y cuando la reunión terminara pensó en volver a su oficina para ya no salir hasta que le dieran las once; Enzo siguió hablando sobre lo que harían en El Cairo, al terminar la junta fue la primera en salir de la sala e ir directo a su piso. Se quitó el saco y lo dejo colgado en el perchero para pasar a arrollar las mangas de su camisa porque estaba un poco sofocada con todo el caldeo de ánimos durante la junta, revisando en sus archivos se dio cuenta de que no tenía el cartapacio con el proyecto completo y cuando le pregunto a la secretaria ella le dijo que lo había movido a bodega, su cita médica estaba muy cerca y decidió dejarlo para después porque se iba a tardar demasiado buscando ese cartapacio siendo que en bodega estaban muchos documentos de proyectos pasados, era tres veces la bodega que había en el hotel de Roma y eso complicaría las cosas un poco más.
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Ivana recién había llegado del colegio, estaba sentada en una de las tantas sillas que rodeaban el enorme comedor cuadrado, su madre le había servido el almuerzo, pero no quería comer hasta que Antoni y Jace estuvieran en la mesa ya que se acostumbró a comer junto a ellos, no había sido un buen día y por eso estaba de pocas palabras con Mónica.
– Ivana... Sabes que me puedes contar todo lo que te pase ¿Verdad? – dijo la mujer al verla jugar con sus dedos.
– Si mamá. – respondió de forma seca.
Un par de minutos después bajaron los chicos ya cambiados con ropa más cómoda para andar por casa, ellos también notaron que la niña había ido muy callada en todo el camino a casa y eso los inquietaba mucho.
– ¿Se pelearon? – pregunto Mónica cuando los chicos se acercaron a ella.
– No, no sabemos qué le pasa, no salió al receso. – dijo Antoni.
– Cuando la fui a buscar estaba recostada sobre la mesa y por más que le hable no levanto la cabeza. – agrego Jace.
– Cielito ¿Qué pasa contigo? – pregunto llevando los platos a la mesa.
– Nada, tengo sueño. – se encogió de hombros como si nada.
Por más que intentaron conseguir una confesión de que era lo que pasaba con Ivana, no lo consiguieron y solo la vieron comer en silencio sin robarle las papas a Jace o repetirse un poco más de jugo a su madre; al terminar de almorzar se fue a sentar en la alfombra de la sala para ver una película, le pido a Nicolls faltar al entrenamiento de esa tarde y se quedó en la sala, a media tarde escucho un auto llegar y cuando la puerta se abrió de golpe se levantó de un salto.
– ¡No te atrevas a correr! – dijo Leo con una voz profunda que la detuvo en seco.
– ¿Paso algo señor Giuseppe? – Mónica salió rápidamente de la cocina.
– ¿No le has contado? – vio a Ivana negar con la cabeza casi pegada a su abdomen.
– ¿Qué hiciste Ivana? – su madre llevo la mano derecha a su frente imaginando que su pequeña se hubiera portado mal.
– No hizo nada, unas chicas del salón de Antoni la acorralaron y le mancharon el uniforme con lodo, el que anda puesto se lo compre yo cuando la directora me llamo. – se cruzó de brazos.
– ¿Por qué harían eso? – tomo a su hija de los brazos esperando que dijera algo.
– ¡Ivana, habla! – Leo tampoco sabía por qué habían hecho eso con ella.
– No tiene caso que les diga. – desvió la vista reteniendo las lágrimas.
– Si tiene caso, porque no voy a dejar que te sigan molestando y menos unas mocosas cuatro años mayores que tú, eso es un abuso y la directora me va a escuchar. – Mónica la movió con brusquedad para que la viera a los ojos.
– ¡Si vas a poner queja solo vas a empeorar todo, como hiciste con los hijos de la profesora! – dijo con la voz bastante aguda.
– Modula tu voz... – Leo intervino – Si te estamos preguntando es para hacer algo y el abuso no se puede quedar sin un castigo. – alzo la vista y vio a sus hijos entrar después del entrenamiento.
– El único castigo que quisiera es que desaparezcan. – vio al hombre con bastante enojo.
– ¿Me dejas intervenir? – Leo tomo del brazo a Mónica para que se levantara.
– Si... yo... yo no sé qué hacer ya. – estaba frustrada porque Ivana estaba volviendo a pasar de nuevo por el acoso en el colegio.
– A mi oficina. – señalo el camino.
– ¡No! – Ivana se dio la vuelta y se fue a sentar al sofá.
– Ivana, no seas irrespetuosa. – Mónica intento levantarla, pero la pequeña hizo su cuerpo bastante flojo.
– ¡No quiero ir, no voy a ir y no me importa! – se soltó del agarre con brusquedad cayendo acostada al piso.
– ¡Enana respeta! – dijo Jace al verla hacer un berrinche.
– ¡No te metas! – le grito y se fue corriendo hacia el patio trasero.
Era la primera vez que les gritaba a todos y que hacia una escena de esas, pero lo que paso cuando llego al colegio ese día fue un golpe duro a revivir sus malos recuerdos cuando aquellos niños la molestaban, diez años y entrenada para saber defenderse, Ivana estaba molesta con ella misma porque cuando el grupito de chicas la rodeo se asustó mucho y no pudo hacer nada, embarraron su uniforme con lodo y hasta le echaron en la cara, una maestra la encontró detrás del colegio aguantando las lágrimas y con su impecable uniforme cubierto de lodo, al preguntar que le había pasado Ivana mintió por vergüenza y dijo que tropezó.
– ¡Ivana! – la voz de Nanava la hizo levantar la cabeza.
– No quiero hablar. – volvió a su posición de bollito con la cara enterrada entre sus rodillas.
– No te estoy preguntando si quieres hablar conmigo... – arrastro una silla hacia donde estaba ella – Leo me dijo lo que paso y quiero que me cuentes la versión completa. – se sentó y clavo sus tacones al piso apoyando los codos sobre sus muslos.
– Me rodearon cinco chicas, una de ellas está obsesionada con Antoni y me amenazo para que me alejara de él. – sabía que con Nanava no se jugaba, le había metido su par de cinturones en el pasado por desobediente.
– ¿Por qué no te defendiste? – pregunto entrelazando sus dedos.
– Me congele de miedo, eran más altas y más corpulentas que yo, la loca obsesionada que Antoni es tres veces yo. – estiro las piernas.
– Y yo pagando a un entrenador de artes marciales mixtas para que les enseñe a mis hijos a defenderse y tu delicada rata miedosa te paralizas. – Leo salió de la casa.
– Cariño, tiene diez años y es una niña. – Nanava lo regaño con la mirada.
– No es excusa para que se haya dejado hacer tales humillaciones... – la vio de reojo – Le estoy pagando la mejor educación, la mejor ropa, los mejores zapatos, aunque no tenga el apellido Giuseppe en su acta de nacimiento es mi hija y no voy a criar a mis hijos para ser unas ratas cobardes que no saben afrontar los problemas, mucho menos mocosas irrespetuosas, si no afrontas tus miedos van a pasar la vida entera pisoteándote. – la vio bajar la cabeza.
– Estas siendo muy duro con ella. – Nanava la levanto para sentarla en sus piernas.
– Antes de pedirme algo con tanta furia debe aprender a defenderse por su cuenta y ver mi intervención como el último recurso a usar. – Leo la estaba regañando sin gritarle, pero siendo bastante duro.
Nanava le dio sus consejos también y después de hablarle con una dulce voz le metió dos nalgadas por gritarle a Mónica, otras dos por hacer berrinche y una por gritarle a Leo, después de eso la mando a disculparse con todos.