Mientras Carlo estaba de rodillas por la bella y millonaria Loreta Paterhawn, su padre la odiaba cada día más, el hecho que su hijo pasará en su mansión, cenara allí y desayunara con ella mientras el esposo de ésta se encargaba de lo referente a la limpieza de escombros y solucionado lo de la alcaldía volvieran con las construcciones, molestaba a Midas la actitud de su hijo. A Midas no le quedaban más que dos tierras, las demás ya habían sido pagadas al banco a nombre de Midas, la primera de ellas fue la del señor Barrer, éste ya vivía en su nueva casa y tenía un contrato para vender su caña a un comprador desconocido por Midas. Le irritaba no entender que pasaba. Lo único que lo hacía feliz era pensar que sus fábricas se levantarian de nuevo y que el hombre que se las había comprado se

