capítulo 18

904 Words
Sentimientos encontrados Los días siguientes fueron una tormenta interna para Adrián. No podía sacarse de la cabeza la imagen de Clara sonriendo, bailando en el parque, sin su bastón por un momento, como si hubiera olvidado las limitaciones que su cuerpo le imponía. Y él... él había estado allí, observándola en la distancia, atrapado entre el remordimiento y el deseo de estar cerca. Pero cada vez que intentaba acercarse, las palabras que compartió con sus amigos lo detenían. Esa maldita apuesta, el error más grande que había cometido, lo mantenía lejos. Carolina, por su parte, notaba su distracción. Ya no era el mismo de antes, y aunque ella no lo decía, su impaciencia comenzaba a notarse en cada mirada que le dirigía. Esa mañana, Clara estaba en la cafetería de la universidad con Valeria. El ambiente era relajado, pero Clara se mantenía en silencio, perdida en sus pensamientos. Valeria, siempre atenta, trataba de sacarla de ese estado. —Oye, Clarita, ¿qué tal si hoy escuchamos algo más alegre de Michael? ¿Qué te parece "Don’t Stop 'Til You Get Enough"? —sugirió Valeria con una sonrisa traviesa, tratando de alegrar el ambiente. Clara sonrió levemente. Sabía que Valeria haría cualquier cosa por sacarla de su melancolía, y apreciaba cada pequeño gesto. —Claro, Vali. Ponla. Necesito algo de energía —respondió, tratando de sonar animada, aunque su corazón aún pesaba. La música comenzó a sonar, y aunque Clara intentó perderse en el ritmo, sus pensamientos regresaban inevitablemente a Adrián. Recordaba los años en los que eran vecinos, cuando todo era más fácil, cuando sus miradas eran cómplices y no había esa barrera insalvable entre ellos. Valeria, siempre perspicaz, notó la tensión en Clara y decidió cambiar de tema. —Vamos, Clarita. Hoy quiero verte bailar como en el parque. Esa fue la mejor versión de ti que he visto en mucho tiempo —dijo, dándole un suave empujón. Clara rio, aunque la risa no llegaba a sus ojos. Aún así, se levantó, siguiendo el ritmo de la música, moviendo los pies con timidez al principio. Pero pronto, como siempre ocurría con las canciones de Michael Jackson, se dejó llevar por la melodía. Sentía el alivio de poder moverse al compás, aunque su mente estuviera atrapada en el pasado. Sin embargo, la tranquilidad del momento se rompió cuando, desde el otro lado de la cafetería, Adrián entró con sus amigos. Su presencia llenaba el espacio, y Clara lo sintió antes de verlo. Sus ojos se encontraron brevemente, y como siempre, Adrián intentó evitarla. Pero esta vez, fue diferente. Su mirada, aunque solo duró un segundo, fue suficiente para que el corazón de Clara se acelerara. Algo en él había cambiado. O tal vez siempre había estado allí y ella no lo había notado antes. Valeria, como un escudo protector, se interpuso entre la mirada de Adrián y Clara, tomando la mano de su amiga y sonriendo. —Vamos, Clarita. No dejes que nadie te quite la alegría. Esta es nuestra canción. Pero Adrián no pudo apartar la vista. Ver a Clara sonriendo, moviéndose con esa mezcla de delicadeza y fuerza, lo desarmaba por completo. Carolina le habló, pero sus palabras fueron un murmullo lejano. Él estaba atrapado en sus pensamientos, en todo lo que había perdido. Y sabía que era culpa suya. Valeria lo notó, como siempre. Desde que había escuchado la conversación de la apuesta, no dejaba de vigilar a Adrián, esperando el momento en que cometiera un error que pudiera dañar aún más a Clara. Y en ese instante, se dio cuenta de que la lucha interna de Adrián no iba a desaparecer tan fácilmente. Después de unos minutos, Clara se sentó, exhausta pero sonriendo. Valeria se sentó a su lado y le lanzó una mirada de advertencia a Adrián, como si le recordara silenciosamente que no se atreviera a acercarse. Pero él no se movió. Seguía allí, observando desde la distancia, como si estuviera atrapado en una encrucijada. Cuando la clase terminó, Valeria sugirió que caminaran por el campus, lejos de la cafetería. Quería mantener a Clara lo más lejos posible de Adrián. Pero el destino parecía tener otros planes. En medio del camino, cuando menos lo esperaban, Adrián apareció de nuevo, esta vez solo. Caminaba hacia ellas, y Clara sintió cómo su corazón se aceleraba. No sabía qué esperar, pero sabía que el simple hecho de verlo hacía que todo a su alrededor se desmoronara. Valeria, por supuesto, se puso en alerta. —Valeria —dijo Adrián, con una voz tensa, claramente dirigida a ella, no a Clara—. ¿Puedo hablar contigo un momento? Valeria cruzó los brazos, no dispuesta a ceder terreno. —¿Qué quieres, Adrián? —preguntó, manteniendo su tono frío. —No es lo que crees. Solo... quiero hablar contigo. A solas. Clara observaba la escena sin decir nada, sintiendo que algo importante estaba por suceder, pero sin saber qué hacer al respecto. Su corazón latía con fuerza, y las palabras de la canción de Michael Jackson seguían resonando en su cabeza, como un eco lejano que no podía ignorar. Valeria dudó por un segundo, pero finalmente asintió. —Está bien. Pero será rápido —dijo, lanzando una mirada de advertencia a Clara antes de alejarse con Adrián. Clara los observó mientras se alejaban, sintiéndose perdida. Sabía que Valeria la estaba protegiendo, pero no podía evitar preguntarse qué era lo que Adrián quería decir.
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