Verdades Veladas
El aire estaba tenso. Valeria caminaba de un lado a otro frente a Adrián, con los brazos cruzados y los ojos llenos de fuego. Los estudiantes pasaban por el pasillo, pero ninguno se atrevía a detenerse. Era evidente que una tormenta estaba por desatarse.
—¿Quién te crees que eres? —Valeria lo enfrentó, su voz baja pero cargada de furia. Sus ojos lo perforaban, y él no podía desviar la mirada—. ¿Crees que puedes jugar con Clara solo porque eres el chico popular? ¡No tienes idea de lo que ha pasado!
Adrián apretó los puños. Su mandíbula se tensó. No había planeado herir a Clara, pero cada vez que la veía, algo en su interior se torcía. Era como si todos sus sentimientos hacia ella estuvieran desordenados, como si un caos se apoderara de él y lo empujara a decir o hacer lo incorrecto.
—No la estoy jugando —murmuró, pero la voz se le quebró apenas. No era una defensa fuerte y lo sabía.
—¡No puedes decirle esas cosas! —gritó Valeria, y un par de estudiantes cercanos se voltearon, aunque rápidamente se apartaron cuando vieron su mirada—. Clara es fuerte, más fuerte de lo que imaginas, pero no voy a dejar que la destruyas.
Adrián sintió un nudo en el estómago. Quería explicarse, quería decirle que él tampoco entendía lo que estaba pasando dentro de su cabeza, que cada vez que intentaba alejarse de Clara, sentía como si una parte de él se resistiera, como si algo más fuerte lo empujara hacia ella.
—No estoy jugando, Valeria. —Esta vez su voz fue firme, pero sus ojos mostraban una vulnerabilidad que no solía revelar—. Yo no... No sé cómo actuar cerca de ella. Es más complicado de lo que piensas.
Valeria lo miró con escepticismo. Aunque había notado el tono sincero en sus palabras, no estaba dispuesta a confiar en él tan fácilmente.
—Si de verdad no la quieres lastimar, entonces tienes que poner las cartas sobre la mesa, Adrián. Porque si sigues así, vas a romperla. Y si eso pasa, no habrá vuelta atrás.
Adrián tragó saliva. Sabía que tenía razón, pero también sabía que enfrentar sus propios sentimientos era una tarea monumental, una que lo asustaba más de lo que estaba dispuesto a admitir. Pero si seguía ignorando lo que sentía, Clara sería la que pagaría el precio, y eso era algo que no estaba dispuesto a permitir.
—No dejaré que se rompa —dijo, casi en un susurro, como una promesa para él mismo más que para Valeria.
Ella lo miró, aún desafiante, pero notó un cambio en él. Algo en Adrián había cedido, una pequeña grieta en su máscara de indiferencia.
—Más te vale, Adrián —Valeria dio un paso hacia atrás, aún manteniendo su mirada fija en él—. Porque si la lastimas, no voy a quedarme de brazos cruzados. Haré todo lo que esté en mi poder para protegerla, como lo he hecho siempre.
Dicho esto, se dio media vuelta y se alejó con rapidez, dejándolo solo en el pasillo. Adrián se quedó allí, mirando su espalda desaparecer entre los estudiantes, con el corazón latiendo con fuerza. Sabía que tenía que hacer algo, y pronto, pero el miedo lo seguía paralizando.
Mientras tanto, en el aula, Clara no tenía idea del tenso enfrentamiento que acababa de ocurrir. Seguía repasando sus apuntes, concentrada, pero había una ligera sonrisa en sus labios. La música de Dangerous todavía resonaba en su mente, y por un momento, se permitió disfrutar de ese recuerdo, sin saber que, lejos de ella, las cosas estaban a punto de cambiar dramáticamente.