Kaelion asintió, sintiendo que comenzaba a captar la magnitud de lo que Leocadia y su linaje representaban.
- Lo que me intriga es cómo se manifiesta esa habilidad y qué implica realmente... ¿Es esto algo que... puede despertarse más tarde, o se da de manera inmediata? - preguntó Kaelion, su tono casual, pero con una ligera carga de interés.
El sumo sacerdote lo miró con una sonrisa sutil, como si la pregunta fuera un tanto inesperada, pero no lo suficientemente alarmante como para sospechar demasiado.
- El poder de Nerias se despierta generalmente desde una edad temprana, una vez que el linaje está establecido. - explicó el sacerdote con calma, aparentemente ajeno al verdadero trasfondo de la pregunta. - Por lo general, es un poder inherente que fluye en aquellos nacidos de la familia real de Glen. Sin embargo, hay momentos en los que puede haber una... revelación, por decirlo de alguna forma. Cuando el portador se enfrenta a una experiencia cercana a la muerte o una situación extrema que pone en juego la vida de otros. Es una especie de despertar, si se quiere llamar así.
Kaelion se detuvo un momento, reflexionando en sus palabras. Un despertar, sí, pensó. El mismo había estado en riesgo hace poco, cuando el poder de Leo había fluido al sanar sus heridas y lo que había presenciado en ella en ese momento no era algo normal. Quizás, su habilidad realmente se había despertado.
- Entonces, si alguien de la familia real de Glen no había manifestado ese poder antes, podría... empezar a hacerlo en circunstancias extremas - murmuró Kaelion, como si estuviera pensando en voz alta.
- Exactamente, - asintió el sacerdote, con una ligera sonrisa satisfecha. - En momentos de gran tensión o necesidad, el poder de Nerias puede revelarse con una fuerza inesperada. Sin embargo, es un proceso que no siempre se controla por completo, lo que puede traer complicaciones.
- ¿Es algo que puede... desarrollarse o controlarse a voluntad, o es algo más instintivo?
El sumo sacerdote se tomó un momento para reflexionar antes de responder.
- La habilidad de Nerias no es algo que se pueda simplemente controlar. Es algo que emana de lo más profundo del ser, una conexión directa con el poder divino. Solo aquellos que son realmente puros de corazón pueden manejarla adecuadamente, pero incluso entonces, no es infalible. Los límites del poder de Nerias son amplios, pero están marcados por el sacrificio y la necesidad. No puede ser usado de forma gratuita o sin consecuencias.
Kaelion se detuvo, sorprendido por esta revelación. Por un momento, no entendió del todo la implicación de aquellas palabras.
- ¿Cómo es posible? - preguntó, la incredulidad marcando su tono. - ¿Un poder tan vasto y con semejante restricción?
- Exactamente - respondió el sacerdote, su tono volviendo a adquirir una leve dosis de arrogancia - Y aunque la familia real de Glen ha sido bendecida con este poder, es importante recordar que no todos los que lo poseen tienen el mismo control.
El sacerdote lo miró de reojo, sin estar completamente convencido de la sinceridad de Kaelion, pero también reconociendo que el emperador había tocado un punto delicado. La relación entre la familia imperial y el templo no era la más armoniosa, pero el linaje de la emperatriz representaba una oportunidad para ambos lados.
- Leocadia es, sin duda, un vínculo valioso para su imperio y para el Templo. Aunque las tensiones entre el clero y la familia imperial no desaparezcan de un día para otro, el templo podría ver en ella una oportunidad para restaurar una conexión perdida - dijo el sumo sacerdote, con una pequeña sonrisa irónica - Si es capaz de equilibrar ambas partes, claro.
Kaelion asintió, sabiendo que ese equilibrio sería una tarea ardua para su esposa, pero también entendiendo que ella ya había comenzado a caminar por ese camino.
- Eso es lo que espero. Y sobre eso, sumo sacerdote, es que vengo a pedir su ayuda.
- El poder de la Familia Real de Glen correrá por la sangre de mis descendientes… - dijo como excusa.
El sumo sacerdote detuvo sus pasos, una sombra de gravedad cruzando su rostro al pronunciar las siguientes palabras. Kaelion lo miró con atención, pero no pudo evitar fruncir el ceño ante lo que estaba a punto de escuchar.
- Es una de las leyes del dios Nerias. La curación que se concede a los elegidos no es para ser utilizada para beneficio propio ni para salvar a los más cercanos. Esto asegura que el poder no se convierta en un medio para el ego o la ambición personal. El príncipe Soren de Glen, hermano gemelo de la princesa, por ejemplo, sufrió graves secuelas luego del accidente de los príncipes cuando eran niños, a pesar de la habilidad de sanación de su linaje. Las secuelas podrían haberse evitado si el poder hubiese podido usarse sobre él, pero, como sabes, no fue así.
Kaelion pensó rápidamente en lo que el sacerdote le había contado y recordó las historias que Leocadia le había compartido sobre su hermano, cómo aún llevaba las cicatrices de ese trágico incidente, algo que ni el poder de Nerias pudo remediar. El rey, aún siendo el portador de ese poder divino, no pudo ayudar a su propio hijo.
- ¿Y qué significa eso para ellos? - preguntó Kaelion, ya dándose cuenta de la profundidad de la complicación - ¿Está condenados a vivir con la impotencia de no poder sanar a sus propios seres queridos?
- Exactamente - respondió el sacerdote con un tono sombrío - Por muy poderosa que sea su habilidad, su destino está marcado por esa limitación. El sacrificio que el dios Nerias exigió de la familia de Glen fue muy claro: el poder de curación no puede revertir el daño a los propios, para evitar que el poder se distorsione y se convierta en un instrumento de control sobre la vida de los demás.
Kaelion asintió lentamente, meditando sobre la gravedad de esa revelación. La relación de Leocadia con su poder, tan íntima y a la vez tan limitada, cobraba un nuevo sentido. No solo tenía el peso de su linaje sobre sus hombros, sino también el sufrimiento de no poder ayudar a aquellos que más amaba y que llevaran su sangre.
- Entonces - dijo Kaelion, su tono grave - ¿No hay forma de que su poder se pueda extender a los suyos? ¿No hay manera de que la princesa pueda salvar a su hermano o.…su hijo?
El sumo sacerdote negó con la cabeza, su mirada fija en Kaelion.
- El precio es inmutable, Majestad. No se puede negociar con Nerias. La familia real de Glen tiene el poder de curar, pero no de sanar lo más cercano. La lección que este sacrificio pretende enseñar es precisamente la importancia de la humildad y de reconocer las limitaciones. Y también, claro, el recordatorio de que el poder divino tiene sus propios misterios.
Kaelion, aunque comprendía la lógica de ese sacrificio, no dejaba de sentirse frustrado. Leocadia, con todo su poder y su nobleza, estaba atada a un destino cruel, una maldición encubierta bajo la apariencia de un don.